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Reportaje:

Los juegos de la física

Un físico granadino gana un premio por hacer atractiva la ciencia a los alumnos

Un tubo fluorescente que se enciende sin estar encontacto con la red eléctrica; un cilindro de vidrio que, al contacto con una llama de encendedor, produce un sonido similar al de los grandes transatlánticos; una lata de refresco que de pronto se estruja sin presión al contacto con el agua... No, no son ni milagros ni efectos especiales de una película. Son hechos cotidianos que tienen una explicación científica. Son parte de la asignatura de Física Recreativa que hace años creó en la Universidad de Granada el profesor Miguel Cabrerizo, de 46 años, y que ahora le ha valido un premio internacional por su forma de hacer de la física un juego. O explicar los juegos de la física.

Fue hace una semana, en Holanda. Más de cuatrocientos expertos decidieron otorgar el Gold Euroforum Teachers Award (El Premio de Oro del Euroforum de Profesores) a Cabrerizo 'en reconocimiento de la excelencia, la inspiración y la motivación hacia los jóvenes' en la enseñanza de la física. Se trata de un premio de 10.000 euros que le fue entregado por su trayectoria de años en la manera de facilitar el conocimiento de las ciencias a los estudiantes. 'A mí siempre me ha gustado llevar a los alumnos experimentos sencillos y llamativos', explica Cabrerizo. 'Siempre he intentado que conozcan experimentalmente lo que aprenden teóricamente en clase'. 'Si uno no es capaz de hacer que los experimentos resulten atractivos y bonitos, entonces hay un problema', dice Cabrerizo. 'Eso es lo que ha hecho que en los últimos cinco o diez años, el número de estudiantes de Física haya disminuido alarmantemente'.

Para evitar eso, hace cinco años propuso a la Universidad de Granada la creación de la asignatura de Física Recreativa, una forma de explicar los hechos más cotidianos o el mecanismo de los juguetes a través de las matemáticas. La asignatura, la única de esas características en las universidades españolas, va consiguiendo cada vez un mayor número de estudiantes.

Son en esas clases donde Cabrerizo, responsable de los dos péndulos de Foucault que hay en Granada (uno en el Parque de las Ciencias, y otro en la Facultad de Ciencias), introdujo experimentos como las bolas saltarinas (dos pelotas de aire, una más grande y otra más pequeña que, al caer la una sobre la otra hacen que la pequeña salga disparada), o el tubo fluorescente inalámbrico.

'La explicación es bien sencilla', asegura Cabrerizo sobre este experimento. 'Se trata de utilizar lo que se conoce como un carrete de testa, que ioniza los gases. Al aproximar el tubo fluorescente, se ioniza el gas que hay en el interior del tubo, y éste se ilumina. Pasa exactamente lo mismo se se acerca una bombilla corriente'.

Cabrerizo prepara un libro y un CD-Rom con todos sus juegos-experimentos. Se llamará XXL. En éste se formulará la experiencia y un vídeo reproducirá el proceso que debe seguirse, su desarrollo y la explicación científica. De ese modo, el lector puede saber que, introduciendo una malla metálica en un tubo de unos diez centímetros de calibre y un metro y medio de altura, y calentando el tubo en su interior, el calor hará que el aire caliente, al salir, produzca un sonido. Si se retira la fuente de calor, el aire se enfría, y produce un nuevo sonido... una octava más bajo. 'Son experimentos sencillos, es sólo el placer de la ciencia', explica el profesor.

Laboratorios y también parques

Miguel Cabrerizo, profesor de Física Aplicada en la Facultad de Ciencias de Granada, es un personaje afable, curioso e inquieto. Explica cada experimento con verdadera amenidad. La mayoría de ellos los ilustra con juguetes llamativos que ha ido buscando por media Europa y que sirven para conocer conceptos como la inercia o la gravedad. El premio que se le concedió en Holanda ha incentivado mucho más su pasión por la enseñanza. El profesor no es ajeno a la polémica desatada en las últimas semanas en torno a si la Física debe enseñarse de una manera amena y asequible o, por el contrario, como algo puramente matemático y riguroso. 'La ciencia debe enseñarse en laboratorios y bibliotecas, sí', comenta. 'Pero también de una forma que sea accesible para el estudiante, que no se convierta en algo con lo que se flagela al estudiante'. Él acude a un principio científico muy sencillo: 'La naturaleza no sigue unas leyes', dice. 'Leyes son tan sólo la manera en que nosotros tenemos de explicar el comportamiento de la naturaleza. Vemos un fenómeno, elaboramos una hipótesis ante lo visto y luego comprobamos si nuestra hipótesis se verifica'. 'Para aprender algo', añade Cabrerizo, 'hay que verlo. Hay que experimentarlo en la realidad. Y eso es lo que intentamos hacer'. Otros catedráticos consideran que eso no es riguroso, que las aulas comienzan a parecer salas de recreo. Cabrerizo no está en absoluto de acuerdo. 'La ciencia', dice, 'es hoy otro valor social más'. '¿Por qué se llenan de estudiantes los parques de las ciencias y las aulas de ciencias están vacías', se pregunta. La respuesta, tal vez, está en que los parques, como la vida, son amenos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 2002

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