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García Calvo: 'El teatro es sólo novela representada'

Agustín García Calvo (Zamora, 1926), dramaturgo, filólogo, poeta, ensayista y novelista, afirmó ayer en Sevilla con la rotundidad propia del conocimiento del medio: 'El actor no existe'.

El escritor, que ha recibido dos veces el Premio Nacional, el de ensayo (1990) y el de literatura dramática (1999) por la obra Baraja del rey don Pedro, negó la existencia de los cómicos precisamente ante ellos, en el taller Juego con el tiempo, que ha impartido durante esta semana en la capital andaluza.

'Cuando está el escenario, el actor no es el personaje que interpreta; pero tampoco es él mismo. El actor no es ni uno, ni otro; está fuera. Sólo puede existir detrás de una máscara', asegura García Calvo, uno de los grandes pensadores españoles del siglo XX.

'El teatro es una combinación entre el tiempo de lo representando, el que comparten actores y público, y el tiempo de la representación, es decir el ritmo del silabeo, los pasos, los ojos, el argumento..' El escritor ha impartido en el centro de producción teatral Territorio de Nuevos Tiempos (TNT) un taller para actores que ha organizado el director del centro, Ricardo Iniesta.

García Calvo ha realizado ejercicios de métrica y versificación con sus 14 alumnos -todos actores profesionales que han participado en alguna de las producciones de TNT- para dejar constancia de la importancia del ritmo dentro de una obra.

'El teatro ha perdido su sentido inicial. Teatro es drama que en griego significa acción. Pero el dominio de lo artístico sobre la voz y la palabra ha hecho que acción y juego acaben por sustituirse por el mero texto literario. Esto reduce el teatro a una condición de novela representada', aclara el autor de la tragicomedia musical Bobomundo.

El dramaturgo, que colabora con el Teatro de la Abadía que dirige José Luis Gómez en Madrid, confiesa que no va al teatro, salvo cuando se trata de sus obras. 'El teatro de hoy se hace sin ritmo porque persigue un fin concreto y la condena está en el futuro. Después de todo, cuando se deja llamar por su nombre, el único futuro es la muerte', arguye.

Para García Calvo, la recuperación del ritmo del teatro pasa por la vuelta a sus orígenes: la danza. 'Bajo el régimen del bienestar en el que vivimos, todo el mundo se pone creativo. Claro que esa actitud está ligada a la necesidad a cobrar los derechos de autor y es eso lo que ha acabado con el teatro como acción', explica el ensayista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 4 de mayo de 2002