Reportaje:

Consumidores experimentales

El Instituto Agroalimentario emplea a ciudadanos de la calle para probar productos de todo tipo

Un día se enfrentó a unas pizzas de marisco 'que no había quien se comiera'. Otro probó diversos tipos de toallitas de bebé en su hijo e incluso el perro que tenía en ese momento tomó buena nota de comida para canes. María José participa desde el año pasado en algunos de los programas de análisis sensorial que realiza el Instituto Tecnológico Agroalimentario (Ainia). Forma parte del colectivo de consumidores que analizan diversos productos en las instalaciones del Instituto y que participa de los trabajos de investigación e innovación del centro.

Los 'jueces' de productos se dividen en dos categorías. Los denominados paneles de expertos, seleccionados y entrenados para percibir características de los productos inperceptibles para los sentidos inexpertos, y la de los consumidores. En este último grupo, 'lo que interesa es su opinión subjetiva y personal' explica María José Sánchez, jefa del Laboratorio de Análisis Físico y Sensorial de Ainia. Salvador Larrocha forma parte del primer grupo. Empezó a analizar productos hace unos 10 años 'cuando era estudiante' y desde entonces ha probado desde helados hasta pañales 'porque tenía un sobrino'. No sabe explicar la motivación para hacer de panelero para Ainia, pero descarta que se deba a motivos económicos. 'No es una cantidad que tiente cuando una persona tiene un trabajo', explica. Una afirmación en la que insisten desde el Instituto, donde explican que la remuneración, que de media se cifra en alrededor de 12 euros y que está en función del tipo de estudio, es 'simbólica' y con ella se intenta cubrir el desplazamiento 'y poco más'.

El proceso de selección se realiza mediante 'grupos de recolectadores' que distribuyen información sobre esta actividad entre colectivos y asociaciones. 'El reclutamiento es contínuo', comenta Sánchez. La selección posterior se realiza en función del colectivo ciudadano al que se dirija el producto a analizar. Por eso, Ainia tiene en su base de datos a todo tipo de personas, aunque los hombres entre 30 y 50 años son el colectivo más difícil de reclutar. Una realidad que hizo, por ejemplo, que una cata de ginebra que se realizó en cierta ocasión se produjera a las 20.00 horas, una vez terminado la jornada de trabajo. Amas de casa y estudiantes son los colectivos más fáciles de encontrar, porque disponen de más tiempo libre, una de las principales condiciones para acceder a esta actividad.

El año pasado Ainia realizó más de 120 estudios en los que participaron cerca de 7.000 consumidores. El instituto realizó ayer una jornada de puertas abiertas que incluyó un ejercicio de cata de jamón serrano y otro de vinos. Durante el acto, el director de Ainia, Sebastián Subirats, explicó que, entre los proyectos, el instituto está proponiendo a las empresas la instalación de plantas piloto en su edificio para que desarrollen las líneas de investigación de productos. Y para ello, les ofrece sus laboratorios y sus equipos de trabajo. Subirats también habló ayer del proyecto de ampliación de Ainia, en el que está prevista una inversión de casi 10 millones de euros. La ampliación, comentó, 'cubrirá las necesidades del instituto de los próximos 10 años'. La primera fase supondrá una ampliación de 7.000 metros cuadrados, el 60% del proyecto, y tendrá un presupuesto de cinco millones de euros. Un tercio de la financiación la cubre el instituto y para el resto buscarán 'la complicidad' de los distintos organismos públicos.

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