OPINIÓN DEL LECTOR
Cartas al director
Opinión de un lector sobre una información publicada por el diario o un hecho noticioso. Dirigidas al director del diario y seleccionadas y editadas por el equipo de opinión

La odiada lluvia

En su edición del día 24, el señor Manuel Amezcua García censuraba cierto artículo en el que la señora Begoña Medina despotricaba contra la lluvia. No he tenido acceso a ese artículo, por lo que no puedo opinar sobre él, pero he de decir que, por insólito que parezca, no me coge por sorpresa ninguna de las actitudes descalificatorias, despectivas e incomprensibles que los ciudadanos de Andalucía exhiben hacia la lluvia.

Sin ir más lejos, y como muestra bien vale un botón, diré que cuando tras la Semana Santa llovió con cierta intensidad en Málaga durante varios días consecutivos, fui testigo de cómo, a la salida de un centro comercial, una chica miraba hacia el cielo y con el ceño fruncido decía '¡Qué asco de lluvia!'. Sólo dos días después presencié cómo un señor de avanzada edad se refugiaba en un umbral mientras decía '¡Qué tiempo más cabrón!'.

Sólo son dos actitudes, pero tengo razones fundadas para afirmar que son representativas del sentir generalizado que, en los grandes núcleos urbanos del Sur, se muestra hacia la lluvia. Lo realmente paradójico será que cuando llegue el tiempo cálido es muy probable que esas mismas personas se quejen y lamenten amargamente de las restricciones al consumo de agua que les imponen sus ayuntamientos, y de que no hay suficiente agua para beber, asearse o preparar la comida.

Está claro que frente a la evidencia natural de lo beneficiosa que es la lluvia para la fertilidad del campo y para la regeneración de nuestro cada vez más deteriorado medio ambiente, se impone extensamente la convicción miope -basada en criterios puramente mercantilistas- de que lo único que le conviene a Andalucía es tener sol y calor agostador a todas horas a fin de que continúen fluyendo los turistas a nuestra tierra. Paradójicamente también, serán precisamente ellos los que no se verán sometidos a ninguna de las restricciones hídricas que sufriremos los nativos cuando llegue el tiempo de apretarse el cinturón y pasar sed.

Y resultará penoso que mientras continúe el proceso de desertización de nuestra región ni siquiera tendremos motivos para quejarnos pues, a fin de cuentas, ello será el resultado del clima que desea la mayor parte de nuestra población... Es posible que, después de todo, cada colectivo humano tenga el clima que se merece.

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