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Reportaje:

Zidane se moviliza contra Le Pen

El futbolista pide a sus compatriotas que voten para frenar a la ultraderecha

Zinedine Zidane se erigió ayer en un enemigo político insospechado para el candidato ultraderechista a la presidencia de Francia, el líder del Frente Nacional Jean-Marie Le Pen. El jugador de fútbol del Real Madrid, hijo de inmigrantes de la Kabilia argelina, es mucho más que el héroe de La Castellane, el barrio obrero de Marsella donde nació hace 29 años. "Yo represento a Francia", murmuró al llegar a Madrid, asumiendo a su pesar su condición de figura pública. Así se lo hicieron sentir el domingo en París, durante una manifestación del mundo de la cultura contra el avance de Le Pen. La actriz Marie Trintignant aprovechó la ocasión para invocar a uno de los símbolos modernos de la República: "¿Dónde está Zidane?".

'Uno no puede estar contento con lo que ocurre en mi país', afirma la estrella del Real Madrid

Zidane apareció ayer, después de un entrenamiento, y debió luchar contra su carácter introvertido para hilar con voz queda un discurso emocionado contra el Frente Nacional: "Lo único que quiero decir es que la gente tiene que votar. Es muy importante. Y, sobre todo, hay que pensar -y noto el peso de mis palabras-, hay que pensar en las consecuencias que puede tener votar a un partido que no corresponde para nada con los valores de Francia".

El día que Zidane levantó la Copa del Mundo en París, el 12 de julio de 1998, no sólo se convirtió en el hombre más querido por los franceses, según las encuestas. Sobre todo, coronó el éxito de un equipo multirracial. Un conglomerado del viejo imperio, como dicen en Francia, blacks, blancs, beurs (negros, blancos y magrebíes), cuyo triunfo dejó en ridículo el discurso xenófobo de Le Pen, ahora candidato a la presidencia en las votaciones del 5 de mayo tras haber conseguido el 17% de los votos en la primera vuelta.

"Hoy más que nunca tengo presente la Francia multicolor del Mundial", dijo ayer Zidane, parafraseando a Chirac en su discurso del 14 de julio de 1998, tras la final. Entonces Chirac se refirió a la selección como a una manifestación ejemplar de la unidad nacional: "Esta Francia multicolor y ganadora...".

La selección francesa que logró la Copa de 1998 y la Eurocopa de 2000 fue duramente criticada por Le Pen cuando todavía era un equipo germinal, en 1996. "Es artificial que hagamos venir jugadores extranjeros para bautizarlos como equipo de Francia", proclamó el político; "hombres que no cantan o ignoran La Marsellesa".

Desde entonces, el equipo se ha compuesto básicamente de estrellas nacidas en África, el Caribe y Oceanía: Desailly (Ghana), Thuram (Guadalupe), Vieira (Dakar) y Karembeu (Nueva Caledonia). Otros son hijos de inmigrantes: Anelka y Henry (Martinica), Trezeguet (Argentina), Pires (Portugal), Djorkaeff (Armenia) y el propio Zidane. El lateral zurdo, Bixente Lizarazu, de origen vasco, secundaba ayer la postura de Zidane en su página web: "Tenemos la gran suerte de vivir en un país donde la libertad de expresión, la tolerancia y el respeto son los valores esenciales", asegura Lizarazu, que pide abiertamente el voto por Chirac.

Desailly, el capitán de la selección, asumió su papel de portavoz para pronunciarse en el diario Le Monde: "La gente que ha votado a Le Pen ha mandado un mensaje, pero hoy se deben sentir mal. Yo comprendo que se proteste contra la inseguridad, pero no acepto que se haga de esta manera. La presencia de Le Pen en la segunda vuelta es inconcebible en un país democrático como Francia. Espero que Chirac lo aplaste".

Ayer, Zidane puso énfasis en la naturaleza integradora de los valores republicanos, y sintetizó su forma de sentirlo: "Soy francés. Mi padre es argelino. Estoy orgulloso de ser francés y estoy orgulloso de que mi padre sea argelino".

"Uno no puede estar contento con lo que está ocurriendo en mi país, sin hablar de lo que implica para mí personalmente, que es obvio", prosiguió el jugador, que no quiso ni nombrar a Le Pen. "Esto puede tener consecuencias muy graves para Francia. Es muy grave no votar cuando hay un 30% de abstención y al final esto hace que en la segunda vuelta estén Chirac y... y... y el otro. Esto no es posible para Francia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 30 de abril de 2002