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El ultra Le Pen aplasta a Jospin y disputará la presidencia de Chirac

El auge extremista y la catástrofe de la izquierda auguran un apoyo masivo a la reelección de Chirac

El ultraderechista Jean-Marie Le Pen provocó ayer un terremoto político en Francia, al obtener el 17,07% de los votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, por encima del primer ministro, el socialista Lionel Jospin, que fue eliminado de la carrera electoral junto con el resto de los candidatos de la izquierda. Jospin anunció anoche su retirada de la vida política, destruido a causa del hundimiento de la 'izquierda plural', cuyos componentes han acudido enfrentados a esta elección presidencial.

El respaldo a Le Pen tiene una inequívoca interpretación: es un voto contra Europa y contra la inmigración, favorecido por la obsesión de la inseguridad ciudadana que, como había dejado claro la campaña electoral, han sido los mejores avales de un líder extremista que cumple por primera vez el sueño de pasar a la segunda vuelta de las presidenciales, tras haberlo intentado antes cuatro veces. Otro ultra, Bruno Mégret, obtuvo el 2,37%.

Chevénement: 'El resultado muestra la extrema descomposición de nuestro país'

Le Pen: 'La segunda vuelta dependerá de la voluntad de acabar con la decadencia'

Esta situación transforma la segunda vuelta en un duelo entre Le Pen y el neogaullista Jacques Chirac, un hombre de 74 años contra otro de 69. Pese al débil porcentaje de voto recibido ayer, que no llegó al 20%, Chirac será sostenido por los socialistas y Los Verdes en la segunda vuelta, en un intento desesperado de convertirle en el valladar para impedir la elección de un extremista como presidente de la República Francesa, en la segunda y definitiva votación del 5 de mayo. El Partido Comunista, con poco más del 3% de votos, estaba anoche demasiado hundido para precisar su postura, aunque se da por hecho que apoyará a Chirac.

El seísmo político vivido por Francia se traduce en que el 20% del electorado respalda ahora candidaturas de ultraderecha, y las de extrema izquierda superan el 10%. La amplitud del "voto de protesta" -"voto destructivo", en expresión del politólogo Pascal Perrineau- fragiliza a los partidos que han desempeñado las principales responsabilidades de gobierno durante la V República.

Sondeos apresurados auguran porcentajes de entre el 78% y el 80% para Chirac en la segunda vuelta como resultado del miedo a los ultras. Fueron difundidos a toda prisa para conjurar el miedo al espectro de la extrema derecha, presente ya en Europa a partir de los casos de Jörg Haider en Austria, Umberto Bossi en Italia o el Partido Popular en Dinamarca.

Se confirman así los presagios de la última semana de la campaña, que avisaban de un gran empuje de los extremismos, y en concreto de Le Pen. Se esperaba que la votación de ayer sirviera para medir la pujanza del voto extremista, y a fe que ha sido cierto. "Esto es una gran derrota para los líderes del establishment", clamó triunfante Le Pen, en referencia a Chirac y Jospin. Para el líder ultraderechista, sus posibilidades en la segunda vuelta "dependen del pueblo francés y de su voluntad de quitarse de encima la decadencia que golpea nuestro país". Le Pen cuenta con movilizar a 100.000 "patriotas" el 1 de mayo, en París para "comprometerse en la batalla de la segunda vuelta".

La victoria de Le Pen refleja un voto de crisis, favorecido por una campaña electoral totalmente dominada por el miedo a la inseguridad, interna y externa. La matanza en el Ayuntamiento de Nanterre, el asesinato de un padre de familia por una banda de jóvenes que extorsionaban a su hija y otros sucesos traumatizantes, sumados a las cifras de aumento de la delincuencia (7% más el año pasado) y las enormes manifestaciones que se han producido de policías y gendarmes en uniforme.

Todo ello, mezclado con la oleada de actos antisemitas que se ha registrado en paralelo con la tragedia de Oriente Próximo. El impacto de todo ello ha sido enorme en un electorado en que un votante de cada dos cuenta con más de 50 años. La sensación de inseguridad ha sido atizada fuertemente por la campaña de Jacques Chirac y de su partido, Unión por la República (RPR), que ha hecho del lema "impunidad cero" el tema central de su campaña. Pero la inseguridad es el tema permanente de Le Pen, que ha clamado en su campaña para que los electores escojan "el original en vez de la copia".

Le Pen vio en los resultados la confirmación de sus análisis: "No estoy asombrado, sino muy satisfecho. Esto recompensa la lucidez, el realismo de nuestras propuestas y el coraje de defenderlas", además de insistir en que los franceses estaban hartos de la pareja Chirac/Jospin y no deseaban que ésa fuera la opción de la segunda vuelta.

Los lugartenientes de Lionel Jospin estaban anoche hundidos. Con su rostro serio de siempre, esta vez verdaderamente entristecido, Jospin anunció su retirada de la vida política una vez termine el proceso de elección presidencial en medio de gritos de angustia de sus partidarios, reunidos en el edificio que ha sido su sede electoral.

Le Pen quedó ayer en cabeza en varios de los bastiones tradicionales del Partido Comunista. La extrema derecha supone ahora uno de cada cinco electores franceses, si se suma el resultado de Le Pen al 2,5% obtenido por el también ultraderechista Bruno Mégret. A ello hizo referencia anoche el socialista Lionel Jospin: "Ver a la extrema derecha con el 20% de los votos en nuestro país y su principal candidato enfrentarse a la derecha en la segunda vuelta es un signo muy inquietante para Francia y nuestra democracia".

Jospin no ocultó su tremenda decepción personal: "Después de cinco años de trabajo gubernamental enteramente dedicado al servicio de nuestro país, para mí y para los que me han acompañado estos resultados son tremendamente decepcionantes". Y añadió: "Más allá de la demagogia de la derecha y de la dispersión de la izquierda, que han hecho posible esta situación, asumo plenamente la responsabilidad de este fracaso y saco las consecuencias retirándome de la vida política, tras el fin de la elección presidencial".

En su primera declaración, Jacques Chirac llamó a la "tolerancia y al respeto" y recordó las ideas de una Francia fuerte en Europa, en un discurso situado en reunir fuerzas suficientes para la reelección.

Martine Aubry, la ex ministra de las 35 horas y alcaldesa de Lille, mostraba ojos enrojecidos, mientras el primer secretario del Partido Socialista, François Hollande, pedía a los más lacrimosos que no lloraran: "No tengáis miedo, habrá otras oportunidades en el futuro", decía este dirigente de 48 años, en quien se centran, a partir de ahora, las esperanzas de reconstrucción del desastre. El ministro de Economía, Laurent Fabius, reconoció que lo sucedido es "un cataclismo". Su predecesor, Dominique Strauss-Kahn, llamaba también a mantener la moral "a pesar de la gravedad del momento". En la derecha, Nicolas Sarkozy calificó de "noticia muy preocupante" la subida de los extremistas y responsabilizó al Partido Socialista: "Si los extremos son tan fuertes, y sobre todo la extrema derecha, es ante todo el resultado de cinco años de inacción, es una condena absoluta de la ingenuidad de Jospin y de la falta de acción de su Gobierno", martilleó uno de los lugartenientes de Jacques Chirac.

Este seísmo político reduce al mínimo la importancia del 6,8% de votos consechados por el centrista François Bayrou, quien habría podido jugar un papel mucho más importante en un enfrentamiento Chirac-Jospin.

La operación de Jean-Pierre Chevènement se salda por un resultado alejado de sus expectativas. "Que la segunda vuelta pueda celebrarse entre Chirac y Le Pen muestra la extrema descomposición de nuestro país", aseguró, para demostrar que su propuesta de renovar la República francesa continúa siendo necesaria. Con el 5,3% de los votos, apenas supera en un punto a Jean Saint-Josse, el representante de una candidatura de cazadores y pescadores, cuya fuerza en la Francia rural le iguala con el resultado de Noël Mamére, el candidato de Los Verdes.

Tanto Chevénement como Los Verdes y el hombre de la caza y pesca superan al Partido Comunista. Su presidente, Robert Hue, ha librado a sus 55 años un combate imposible: no ha podido evitar el hundimiento comunista hasta el 3,4%, menos de la mitad del resultado obtenido por él mismo en las presidenciales de 1995. En tiempos de Georges Marchais, era la fuerza política que hacía sistemáticamente campaña contra el candidato socialista, pero organizaba después la disciplina de su campo al servicio de la "unión de la izquierda"; ahora se ha quedado sin espacio y sin votantes.

La extrema izquierda obtiene el mejor resultado de su historia, ligeramente por encima de 10% de los votos, si bien con un reparto que no ha favorecido todo lo que esperaba a Arlette Laguiller, de Lucha Obrera, que con el 5,7% de los votos mejora muy ligeramente su resultado de 1995. Laguiller siguió atacando anoche a Jospin, su obsesión a lo largo de toda la campaña en esta su cuarta elección presidencial. Otro trostkista mucho más joven, Olivier Besancenot, candidato de la Liga Comunista Revolucionaria, ha sacado partido a sus 28 años de edad y ha obtenido el 4,3% de los votos, buen resultado para una cara verdaderamente nueva en la política francesa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 22 de abril de 2002