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Alonso le ganó el duelo a Zidane

El Madrid recibió más elogios de sus hinchas locales que patadas de su adversario. Ayer, la Real jugó más que pegó. Y si hubo violencia, estuvo repartida. Por parte madridista, destacó la agresividad que mostró Zidane contra Xabi Alonso. El medio centro vasco elevó a su equipo con un fútbol de academia.

Las visitas del Real Madrid habían dejado de ser lo que fueron en tiempos de Atocha, quizá porque la Real Sociedad no acaba de reencontrarse con su mejor pasado, pero sobre todo porque en Anoeta se diluye la presión ambiental.

Roberto Olabe, el técnico, solicitó el apoyo de la grada, de una hinchada anestesiada por las irregularidades de un equipo que ayer reaccionó con bronca. Los jugadores, por su parte, se habían dedicado entre semana y ante la prensa a recordarse los unos a los otros la necesidad de jugar con agresividad. "Tenemos que poner el ritmo y meter el pie", dijo convencido De Pedro. "Hay que estar todos juntos y darle caña al Madrid porque a lo mejor lo que nos falta es agresividad", insistió Idiakez -luego ratificó sus palabras con un par de entradas a Figo-.

La declaración de intenciones no se interpretó de forma correcta en Madrid. Allí donde Del Bosque esperaba patadas y juego subterráneo, la Real se olvidó del lado oscuro de su manual y escogió la presión y la lucha por toda agresividad. El ejemplo más claro fue Xabi Alonso, que destacó por encima de la media del partido por su calidad. Apenas se empleó con dureza y, en cambio, recibió un durísimo plantillazo de Zidane en la primera mitad. El francés le pisó la tibia y luego le pidió perdón. El vasco se lo recriminó indignado, cosa que no evitó que la estrella francesa le diera nuevos golpes.

La Real no podía permitirse entregar la iniciativa al Madrid, que nunca visitó Anoeta con tanta necesidad de ganar. El campo se llenó, pero ya nada es lo mismo. La pista de atletismo separa el juego del griterío y la distancia desanima a los aficionados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de abril de 2002