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VISTO / OÍDO

Demonios

Le Pen se suma a los nombres de los malos del día, junto a Sharon: convergen en el recuerdo de Hitler. Pocos recuerdan a Stalin, no parece de buen gusto, y a Franco no se le cita jamás, siendo uno de los peores. El problema es el mismo. Estamos aceptando la teoría del Demonio: cargar sobre uno solo, mientras el daño se multiplica. A Le Pen le ha elegido un 17% de los votantes; y las elecciones llevaron al poder a Sharon y a Hitler. Y a Mussolini. Con gran ufanía vemos cómo en Francia se juntan 'los demócratas' para detener al fascista: tiempo de pactos. En España se usa también la idea de 'los demócratas' frente al mal. Será tan curioso ver a Chirac presidente con los votos de la izquierda -con la derecha le bastaría- como ver a la izquierda española votando con ligeras muecas de mala conciencia la ilegalización de un partido. No importa cuál: un partido político. Se hizo mucho cuando se fabricó la Ley d'Hondt, en España, cuando se dividieron o juntaron circunscripciones para manejar el voto, y la ley de grupos parlamentarios y el reglamento de las Cortes: para evitar pluralidad. Para que no se 'desmigajara' la base política, para que se centrara en el bipartidismo, que termina en el pacto.

No veo la posibilidad de culpar a Sharon únicamente, ni estoy seguro de que todos los que le votaron querían que hiciera esto; pero no es el único culpable en su país. Tiene hasta el partido socialista compartiendo el Gobierno, con Simón Peres, y por lo tanto cargando la culpa. Blair es un socialista, un laborista, que es el partido del trabajo ('labour'); como aquí es un partido obrero, por su O, el socialista. Y Blair es el mozo de espadas de Bush, que ayuda a Sharon, y que destruye Afganistán. Los 'partidos demócratas' son aquellos que han desvirtuado la democracia, y si fueran fieles a ella y a sus principios, y dejaran a un lado los hombres fundamentales, para glorificarlos o para demonizarlos, Le Pen o Sharon no habrían sido votados. Y probablemente sería más fácil deshacerse de Batasuna con los votos -como en las últimas elecciones- que con una ley dudosa que le puede poner un pedestal. El enemigo es mucho mayor, desgraciadamente, que un solo partido o un solo demagogo, y no creo que nadie deba salirse de la democracia pura para combatirle, sino todo lo contrario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de abril de 2002