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Crónica:La jornada de Liga | FÚTBOL

El Madrid se arruga en Pamplona

Osasuna golea al equipo de Del Bosque, que sólo encaró el partido cuando estaba humillado

El Real Madrid estaba cansado, pero avisado. Tras el éxtasis del partido europeo frente al Bayern de Múnich en la Liga de Campeones, le esperaba el calvario de El Sadar, una prueba psicológica y física que suspendió con rotundidad. Se encontró lo que esperaba y prefirió abandonar el aula navarra. El equipo madridista se arrugó y, uno por uno, sus jugadores huyeron del debate físico que les propuso Osasuna desde el principio y acabaron por renunciar incluso al debate futbolístico que el conjunto pamplonés manejó con soltura durante los 45 primeros minutos, los que, a la postre, le valieron el partido y los tres puntos.

Fernando y Alfredo marcaron dos bellos goles, pero fueron otros dos futbolistas los que desestabilizaron al equipo madridista: Puñal se adueñó del centro del campo, por la mandanga de Makelele y la desubicación de Solari; Iván Rosado se bastó con su pundonor y su velocidad para desacreditar las condiciones de Hierro y Helguera como centrales. Tanto las minimizó que Helguera fue expulsado al borde del descanso en el enésimo error de colocación de los centrales madridistas.

Del Madrid podía esperarse una actitud liviana, manejando el reloj y confiando en su pegada. Lo que resultó inesperada fue su huelga ofensiva: un disparo de Zidane rozando el larguero fue su única aportación atacante en una primera mitad desastrosa.

El achicamiento del Real Madrid hizo que Osasuna creciera y, poco a poco, encontrara a sus dos medios punta, Gancedo y Alfredo, incrustados entre las dos líneas descosidas del equipo que entrena Vicente del Bosque.

Cuando Helguera se fue por su mala colocación encontró el Real Madrid el orgullo perdido. Ese tipo de jugadas miden el carácter de los equipos. Osasuna se sobresaltó con la ventaja y no supo gestionar su alegría. Con todo perdido, el Madrid tiró de casta, a lomos de un Raúl encorajinado hasta el punto de ganarse una tarjeta impropia de su calidad. Todo un síntoma. Morientes había marcado al comienzo de la segunda mitad y aquello sonaba a gesta heróica, de ésas que acostumbran los equipos grandes cuando se sienten heridos.

El Real Madrid se dispuso con atrevimiento: ajustó la defensa y mandó al resto a buscar el área por cualquier recodo de la imaginación. Incluso el técnico madridista se marcó razonablemente una de atrevimiento sustituyendo a Solari por Munitis y proponiendo un partido roto, de ésos que se solventan a medias por la calidad y la fortuna.

Y el encuentro se rompió. A Osasuna, tras ocho partidos sin ganar, le atenazó el miedo a volar. El gol del equipo madridista le metió el miedo en el cuerpo y le devolvió durante media hora a su infierno habitual. Ahí tuvo el Real Madrid de siempre, el que no existió en la primera mitad, su oportunidad de solventar el partido, es decir de mantener su pulso con el Valencia y salvar los muebles.

Pero llegó el gol de Iván Rosado, una volea preciosa que premiaba al mejor jugador del partido y resarcía a Osasuna de un penalti de Karanka a Lekunberri que el árbitro López Nieto se negó a pitar a dos metros de la jugada.

La inercia dirá que el Real Madrid tenía la cabeza todavía en su éxito en la Liga de Campeones, que el equipo navarro era el rival más inadecuado en tales circunstancias, que el cansancio es algo inevitable. Pero lo cierto es que al Real Madrid le faltó grandeza para encarar un partido que sólo agarró por el cuello cuando se vio humillado.

Osasuna se reconcilió consigo mismo. Encontró el gol, su asignatura pendiente, y la dosis de orgullo que rezuma su graderío. Al Madrid le quitó un punto el público. Los otros dos correspondieron al equipo que convirtió en fútbol su estado de necesidad. Hasta en eso se arrugó el Madrid. que acabó entre olés en contra y sin ver el balón.

No se vió al Real Madrid en Pamplona, apenas reivindicado por el genio de Raúl y los disparos del francés Zidane. El resto fue una absoluta medianía, una vulgaridad rabiosa pero exenta de fútbol que ni siquiera se sobrepuso a la esperada hostilidad que rodea sus visitas a la capital navarra. Sí, se arrugó el Real Madrid y la Liga sigue tensa.

OSASUNA, 3 - REAL MADRID, 1

Osasuna: Unzué; Cruchaga, Contreras, Josetxo; Yanguas, Puñal, Lekunberri, Fernando; Alfredo (Palacios, m. 80), Gancedo (Sabino, m. 91); e Iván Rosado (Aloisi, m. 85).
Real Madrid:César; Salgado, Hierro, Helguera, Bravo (Munitis, m. 65); Makelele, Solari (Karanka, m. 46); Figo, Raul, Zidane; y Morientes.
Goles: 1-0. M. 31. Libre directo que toca Gancedo sobre Fernando, cuyo zurdazo se cuela en la portería tras tocarlo ligeramente César.
2-0. M. 39. Iván Rosado gana un balón por velocidad a Helguera y cede a Alfredo, que se mete en el área y marca de vaselina superando a César, que se encontraba adelantado.
2-1. M. 49. Disparo de Figo que tropieza en la defensa y cae a los pies de Morientes, que, en posición dudosa, marca.
3-1. M. 75. Lekunberri alcanza por la izquierda la línea de fondo y su centro lo empalma de volea Iván Rosado.
Árbitro: López Nieto. Expulsó a Iván Helguera en el minuto 41 por derribar a Iván Rosado siendo el último defensor. Amonestó a Alfredo, Solari, Fernando, Figo, Josetxo, Raúl y Hierro.
Unos 20.000 espectadores en El Sadar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de abril de 2002

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