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Reportaje:

La memoria de Ignasi de Solà-Morales

La obra del arquitecto, recordada en un homenaje en el Liceo y en el pabellón Mies van der Rohe

El mejor homenaje a alguien que ha desaparecido es recuperar su presencia en la memoria. Así fue en el maratoniano homenaje al arquitecto catalán Ignasi de Solà-Morales, responsable de la reconstrucción del Liceo, celebrado ayer, que incluyó un debate académico en el foyer del Liceo bajo el título Diálogos con Ignasi de Solà-Morales y el descubrimiento de una placa conmemorativa en el pabellón Mies van der Rohe, que también reconstruyó.

Tres generaciones de arquitectos refrendaron una presencia tangible del arquitecto, fallecido hace un año en Holanda, a los 58 años. En el público, los arquitectos Federico Correa y Oriol Bohigas, y como ponentes, Eduard Bru, Josep Lluís Mateo, Rafael Moneo y el estadounidense Peter Eisenman. Todos respaldados por una ingente presencia de jóvenes estudiantes de arquitectura de diversas nacionalidades, que obligó a habilitar el Salón de los Espejos del Liceo para que pudieran seguir las ponencias por circuito cerrado de televisión.

Con la presencia de su hermano Manuel, también arquitecto, y su viuda, Eulàlia Serra, el acto académico en memoria de Ignasi de Solà Morales lo abrió el decano de la Cooper Union School of Arquitecture, Anthony Vidler, quien dijo de él que 'con su labor como crítico trazó un mapa en el que rompió las fronteras entre el pasado y el presente, entre la historia, la práctica, la teoría y la crítica', y añadió: 'Le interesaba mucho más el estímulo intelectual que las teorías'.

Haciendo honor al nombre de la sesión, Conversaciones con..., los arquitectos Eduard Bru y Josep Lluís Mateo, y el escritor y profesor de la Universidad Pompeu Fabra Antoni Marí confirmaron que el recuerdo de Solà-Morales empieza a coger forma sustancial. Bru destacó su capacidad como analista de la arquitectura 'para desvelar la realidad, más que para fijarla'. Mateo habló de la gran consonancia entre la práctica y la teoría que existía en su trabajo. 'Para él, pensar y hacer eran complementarios', dijo. Marí destacó una de las claves formativas de su personalidad: 'Era doctor en Arquitectura, pero también era licenciado en Filosofía'.

Rafael Moneo y Peter Eisenman lograron hacer casi tangible su presencia. Eisenman llegó a reconocer: 'Estoy convencido que mi arquitectura y la de Rafa no le acababan de convencer', dijo, y Moneo lo calificó de 'arquitecto crítico y diferente'. Sus escritos no incitaban a la obediencia a ciegas. Él proponía que pensáramos', agregó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 14 de marzo de 2002