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Reportaje:ARQUITECTURA

El paisaje canario en sus edificios

Amigos antes que socios, Felipe Artengo (1954), Fernando Martín Menis (1951) y José María Rodríguez Pastrana (1952) comparten estudio en su ciudad natal, Santa Cruz de Tenerife, desde hace veinte años. Nadando a contracorriente de un panorama arquitectónico cada vez más homogéneo, sus edificios, escultóricos y sensuales, se identifican con el paisaje grandioso y abrupto de las islas Canarias.

Felipe y José María se conocen desde que tenían cuatro años. Fueron al mismo Kindergarten, desde la guardería hablando alemán. Y José María conoció a Fernando haciendo Bellas Artes, un año antes de empezar arquitectura. En Barcelona, adonde trasladaron su expediente desde Las Palmas y donde ya estudiaba Felipe, coincidieron los tres. Terminaron en 1977. Felipe fue el primero en volver a Tenerife, donde le surgió colaborar en el asesoramiento a barrios, mientras sus compañeros hacían el proyecto de fin de carrera y disfrutaban los últimos meses en una Barcelona de la que guardan los mejores recuerdos. José María obtuvo una beca en Stuttgart, pero decidió regresar a la isla porque echaba de menos el sol. Fernando también había vuelto, así que en 1979 ya estaban trabajando juntos. Aunque ninguno influyó en la decisión del otro de ser arquitecto, han compartido mucho de sus vidas, y en muchos sentidos. Fueron amigos antes que socios.

'Unos más serenos y otros menos, cada edificio es una aventura de sensaciones'

Su primer proyecto, terminado en 1981, fue una gasolinera para Texaco que tiene mucho de tinglado petrolífero a escala reducida, y por él obtuvieron uno de los premios Manuel Oraá (galardones anuales del Colegio de Arquitectos de Canarias). En las siguientes obras concluidas, el colegio mayor San Agustín en La Laguna y el pabellón de gimnasia Ana Bautista, estalló el característico lenguaje de AMP, con un vocabulario de materiales poderosos -piedra, hormigón, madera- y una sintaxis expresionista. La pregunta ¿de dónde viene eso? tiene varias contestaciones posibles: 'Es el resultado de unos años de trabajo en la misma dirección'; 'hay antecedentes' (se refieren a la obra de arquitectos canarios de los sesenta, como Javier Díaz Llanos, Vicente Saavedra o Rubens Henríquez), o 'surgió de forma natural'. Y se resumen en una sola: 'Todo lo que hacemos está marcado por un territorio, el de las islas Canarias. Nosotros, en el fondo, estábamos buscando un lenguaje fuerte, muy característico del sitio; no de las islas, sino del lugar. De haber estado en otra parte distinta habríamos hecho algo diferente, relacionado con ese lugar. Detrás estaba además la sensación de que con la arquitectura se estaban destrozando las islas; eso nos produjo una reacción de búsqueda de algo con lo que dignificar el paisaje'.

'Antes habíamos usado el

hormigón liso y la piedra. El colegio mayor lo hicimos todo con hormigón, piedra y madera, que son tres materiales de las islas que luego hemos seguido empleando de distintas formas y con diferentes tratamientos'. De todo esto se saca en claro que no quieren hacer una arquitectura homologable y para cualquier sitio; han escogido precisamente el camino contrario, plenamente conscientes de que la suya es una opción entre muchas, donde lo que al final se busca es un resultado óptimo. Que las cosas estén bien construidas. 'Y eso tiene que ver con que la arquitectura la entendemos como oficio; con materiales como ésos se consigue que el edificio envejezca bien, incluso que mejore con el paso de los años'.

Un salto cuantitativo, de escala, en la trayectoria del estudio fue la sede de la Presidencia del Gobierno de Canarias en Santa Cruz de Tenerife, que terminaron en 2000. En el interior de este gigantesco palacio de basalto y hormigón, cuyos volúmenes maclados dialogan con el perfil abrupto de la cordillera de Anaga, han alojado un fragmento del patrimonio construido de la ciudad, el patio de madera de teca de la Casa Hamilton, y han usado piedra procedente de las diferentes islas (Tindaya de Fuerteventura, roja de La Gomera...).

La colaboración con artistas

plásticos canarios completa una obra de la que puede pensarse que lleva a su límite la manera de hacer arquitectura de AMP: edificios rotundos, definidos por la estructura que los sustenta y caracterizados por la continuidad entre forma y materia. Pero ellos opinan de otro modo: 'No hemos quemado todavía ningún camino. Vamos a seguir haciendo lo que nos dicte el sitio'.

Un enclave áspero y semidesértico del sur de la isla, rodeado por la autopista, les ha inspirado las rocas geométricas del nuevo centro de congresos de costa Adeje. 'No había nada; sólo las rocas. Es un no lugar. Y decidimos seguir haciendo rocas, protegidas por una cubierta ondulante. Pero en otros lugares como el Museo Arqueológico o el Centro Cultural Maretas, dos proyectos de Lanzarote, nos metemos bajo tierra; y el Estadio Insular de Atletismo, que hemos empezado a hacer, también está semienterrado. Lo que intentamos es resolver los problemas del entorno. Detrás de cada proyecto hay una intención de mejora del medio, de completar lo que ya está'. De nuevo la arquitectura ligada al sitio.

El centro de congresos casi terminado, el estadio de atletismo construyéndose, pendiente la sede del Cabildo Insular de Tenerife. Aunque tengan más repercusión los edificios grandes e institucionales, 'nuestro estudio también hace microarquitecturas, como la pieza que hemos presentado en Arco con el artista de Lanzarote Juan Gopar. Y con el mismo entusiasmo que un proyecto grande; en Arco estuvimos dos días enteros montando la pieza al relente, trabajando 14 horas seguidas'. Tampoco esta microarquitectura deja de ser una escultura. Nunca han construido una casa ortogonal; ni siquiera sus viviendas sociales lo son. No aspiran a ordenar el mundo, ni a exaltar su desorden; lo suyo es voluntad de integración. 'Como lo que nos rodea, nuestra arquitectura no tiene texturas lisas y por eso es paisajística. Unos más serenos y otros menos, cada edificio es una aventura de sensaciones'.

Responsabilidad compartida

EN LA ESTELA de salvaguarda del patrimonio natural de Lanzarote que dejó César Manrique, el Cabildo Insular y el galerista de Düsseldorf Helge Achenbach convocaron un concurso internacional para recuperar un excepcional paisaje de la isla, en el que participaron los estudios de Miralles y Tagliabue, Ingenhoven y Overdiek, Van Berkel y Bos, Günter Zamp Kelp y AMP. Y ganó el equipo local. Mitad natural, mitad artificial, Las Maretas de Arrecife es una gran plataforma con canales y depósitos subterráneos para recoger agua de lluvia, que será transformada por AMP en un centro cívico y cultural, poniendo en valor lo existente y limitando su intervención a unas piezas de perfil bajo que ocuparán sólo uno de los vértices del recinto. Con ello se busca también la regeneración de ocho barrios de Arrecife en torno a este enclave, equilibrando los centros de gravedad de la ciudad y promoviendo la cohesión social. En el interior de la pieza que Juan Gopar y AMP han llevado a Arco había un pequeño estanque, en el fondo del cual estaba una maqueta de la propuesta para Las Maretas. El artista -que actúa como mediador entre los colectivos implicados- y los arquitectos ansían ver materializado este proyecto común.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de marzo de 2002

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