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Reportaje:XIX JUEGOS OLÍMPICOS DE INVIERNO | Salt Lake City 2002

Nieve en ruinas

Sólo una gesta de Rienda puede maquillar el caos del esquí español, sin patrocinios ni presidente

Las dos medallas de oro de Johann Muehlegg han salvado sobradamente los Juegos de Salt Lake City para España. Incluso si el esquiador de origen alemán consiguiera mañana una tercera, en los 50 kilómetros estilo clásico, sólo se habría hablado de él, de sus hazañas o de sus polémicas. No en vano ya ha superado en esta única cita todo el bagaje español en la historia olímpica invernal, el de los hermanos Fernández Ochoa: oro de Paquito en Sapporo 72 y bronce de Blanca en Albertville 92, ambos en eslalon.

Pero Juanito no puede tapar la desnudez directiva de los deportes blancos españoles, que son como nieve derretida, en ruinas. La Federación de Deportes de Invierno está actualmente en manos de una junta gestora de tres miembros -José Manuel Huertas, Antonio Fernández y Óscar García- tras haberse forzado la dimisión de un presidente, Luis Algar. Éste, en vez de arreglar un pasado nefasto, se excedió en sus protagonismos y causó la vuelta al poder de casi los mismos dirigentes que antes no habían logrado nada. Algo rocambolesco que sólo podría paliar María José Rienda, la única baza en el gigante femenino de hoy (18.00, la primera manga; 21.00, la segunda), en el que también participarán Ana Galindo y Carolina Ruiz.

A Salt Lake, por órdenes superiores, sólo han venido seis deportistas, aparte de Muehlegg, para minimizar los daños que unas malas clasificaciones podrían hacer en una herida abierta hace ya tanto tiempo. Juan Jesús Gutiérrez y Haritz Zunzunegui sólo ven de lejos la gloria de Juanito en el esquí de fondo, Iker Fernández ha fracasado de nuevo en el snowboard y, así, sólo quedan las tres mosqueteras del esquí alpino, el último reducto del solar que es el deporte español de la nieve. Pese a todo, Carolina fue una digna 15ª en su primera aparición en el supergigante. El mismo puesto que María José logró en el eslalon, un buen aviso de que ésta podría hoy explotar al fin su calidad y alcanzar incluso un podio 'Estoy con muchas ganas de que acabe todo bien. Cualquiera de las 15 primeras puede estar arriba. Que salga o no ya es otra cosa', dijo tras sentirse muy contenta con su eslalon, una carrera diferente y que no le va tanto.

En su momento, el Consejo Superior de Deportes (CSD), que intervino en el lío federativo, y el Comité Olímpico Español (COE) cerraron el grifo de los deportistas, pero se ha abierto el de los directivos. Todo un lujo en una federación que se quedó después de Nagano 98 sin el benevolente patrocinio de un banco cansado de esperar por 'algún Muehlegg'. No tiene recursos propios y vive de la generosidad del CSD, que le paga todos los gastos. Estos Juegos costarán al deporte español 186.000 euros (30,9 millones de pesetas), de los cuales el CSD pagará 141.000 (23,4) y el resto el COE, más, de momento y siempre a partes iguales, otros l32.222 euros (21,9 millones de pesetas) por los dos oros de Muehlegg cuando sólo se pensaba en 26.444 (4,3) por una plata y un bronce. Resulta significativo que los tres miembros de la gestora se estén turnando en viajar a los Juegos, con los correspondientes gastos triplicados que ello supone; y que haya pasado por Salt Lake City hasta la secretaria.

La Federación de Deportes de Invierno tiene un protagonismo especial en comparación con cualquier otra porque es la única que en unos Juegos debe dar la cara en solitario y se la lleva partiendo puntualmente cada cuatro años. Muehlegg ha llegado para ponerle unos buenos parches, pero su futuro sigue siendo incierto. Ha caído en un nuevo vacío, tras una pirueta sonrojante, cuando daba la sensación de que se había encontrado la solución a la penuria.

Precisamente después de Nagano se forzó desde el anterior equipo directivo del CSD una alternativa al poder establecido e ineficaz durante años, pero todo acabó en un sonoro fracaso. Algar, jefe de protocolo del CSD y muy bien relacionado con las más altas instancias del Estado, fue elegido en octubre de 1998 y, aunque en su etapa llegó Muehlegg y revivió el esquí femenino -los rescoldos del masculino acabaron buscándose la vida como entrenadores en Estados Unidos-, se enfrentó con casi todo el mundo, tanto con los más válidos de su equipo como con los adversarios de siempre. Y apenas a los dos años, a finales de 2000, comenzó en forma de destituciones y mociones de censura la crónica de una dimisión anunciada que se produjo el 14 de julio de 2001 de modo desagradable y a condición de que la asamblea mayoritaria de presidentes retirase incluso querellas en su contra por supuesta apropiación indebida y malversación de fondos públicos. Faltaban apenas siete meses para los Juegos.

En una federación así incluso el dinero para la planificación del solitario equipo femenino no ha llegado a veces. Carlos Salvadores, un hombre de la vieja guardia y que aún competía con dignidad hace años, ha vuelto a echar una mano como director técnico, pero está harto y deseando dejarlo. Incluso ha tenido que poner dinero de su bolsillo para seguir sus planes. Hace unos días, cuando tenía que ir a la reunión técnica, hasta le pidieron que fuera al aeropuerto a recoger al miembro de turno de la gestora que llegaba a ver los Juegos. A hacer de taxista para un tercio de jefe de ocasión. También ha tenido que sufragar los gastos de algún fisioterapeuta. La situación de este deporte en España es tal, que incluso en algunas concentraciones no llegaba el dinero para pagar los hoteles. Por algo Muehlegg ha ido por libre y le ha salido perfecto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de febrero de 2002