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El suplente en alza

Solari, autor del gol del triunfo, inició la temporada advertido de que le sería muy difícil jugar

Santiago Solari se quedó solo con su autoconfianza, junto al lago Leman, en Suiza. En la pretemporada, el director general deportivo del Madrid, Jorge Valdano, quiso ser sincero con él. Fue duro. Le dijo que si quería seguir en el club y competir por el puesto de interior zurdo, debía saber que lo tenía "muy difícil" en el mejor de los casos. Valdano le dijo que McManaman y Savio estaban por delante suyo. Y que la llegada de Zidane -el mejor jugador del mundo- no le facilitaba las cosas ante una afición que le había colgado el cartel de meritorio bajo sospecha. Solari se había negado a dar una entrevista al fanzine de los Ultras Sur porque allí insultaban a Maradona, su ídolo y su amigo. Tras el incidente, los violentos le habían señalado con abucheos en cada partido en la temporada pasada.

"Tengo fe en mí", aseguró Solari desde comienzo de la temporada. Y se negó a marcharse a otro club. Le querían el Arsenal, el Chelsea, y algún club italiano. Pero insistió en el Madrid por puro empeño, y por afición. Porque desde que jugaba en Argentina, Solari quiso fichar por el Madrid. Para eso se prestó incluso a perder dinero, porque en el Atlético -su primer club en España- le pagaban mejor.

Ayer, Vicente del Bosque dio entrada a Solari después de McManaman, Munitis y Guti, hasta hace poco compañeros suyos en el banquillo. El argentino había jugado un buen partido en San Mamés -salió con el 2-0 en contra y el Madrid remontó a medias 2-1- y ayer la situación también era crítica. Era uno de esos partidos que había que ganar como fuese. "¡Hay que ganar como sea!", decía Hierro en el descanso, cuando la angustia amenazaba con apoderarse del vestuario, con Figo en la enfermería y Raúl en la grada. El Bernabéu temblaba entre pitidos y patadas de rabia, mezcla de indignación por el mal juego y el espanto de comprobar el estado físico decadente que mostraban los jugadores. El Oporto se encerraba atrás y se preparaba para dar el zarpazo, con Capucho y Pena en campo local. Pero Solari, en minuto 83, resolvió el retruécano.

Risueño ante todo, Solari hizo un gesto ondulante con los dedos de su mano izquierda, al salir del vestuario. Así explicaba la forma en que había entrado el balón en la portería de Baia. Dando botes, pic, pic, pic. Sin demasiada fuerza, después de un zurdazo cruzado al segundo palo, desde fuera del área. "Llegábamos hasta el área pero ellos se cerraron muy bien y se hacía muy difícil disparar", dijo; "el gol fue una jugada rápida que a veces metes y otras el balón se te va al graderío", afirmó.

Las preguntas de la prensa giraron en torno a su presunta reivindicación. Solari hizo caso omiso. "Mi misión en el equipo no es hacer un juicio sobre cómo se utiliza el banquillo. Mi misión es jugar cuando me manden", respondió; "sea cual sea el rol que me toca cumplir lo hago lo mejor posible. No intentaba reivindicar nada con el gol. Los suplentes hemos sido criticados pero yo tengo plena confianza en mí y en mis compañeros. Todos los jugadores lo hacemos lo mejor que podemos y en cada entrenamiento nos esforzamos al máximo por el bien del equipo. Aguantar o no en los malos momentos depende de la intensidad con que se entrena y de la fuerza de voluntad. Yo con este gol quizá pueda decir que he capitalizado mi trabajo".

"No puedo decir que mi gol al Lazio, en Roma haya sido más emocionante que éste"; ponderó Solari. "Los dos goles me llenaron. A lo mejor estas victorias se festejan más que otras. Nos costó mucho ganar y quizá esto se celebre más que el 7-0 contra el Las Palmas. Era necesario ganar como fuera, porque la Liga está que arde. En Europa necesitamos clasificarnos rápido para la siguiente fase, para dedicarnos a la Liga. La fase siguiente de Champions es muy traicionera".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de febrero de 2002