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Reportaje:

¡No me toquen las palomas!

El Ayuntamiento de Alicante sanciona a los ciudadanos que alimentan a las aves para evitar contagios

Nunca antes un gesto tan altruista, como es suministrar comida a las palomas que habitan el casco urbano, fue penalizado. Alicante, sin embargo, sanciona con multas de entre 30,05 y 601,02 euros a los ciudadanos que sean sorprendidos proporcionando alimentos a las aves en determinadas zonas de la ciudad.

Y es que, según un informe sanitario elaborado por el Ayuntamiento de Alicante el pasado año, una acción tan aparentemente inocua puede entrañar graves riesgos no sólo para la salud de las aves, sino también para la de las personas. En estos momentos, entre el 85% y el 90% del censo de la colonia de aves -unas 4.000- que puebla la urbe está enferma, según aseguró ayer el concejal de Sanidad, Juan Zaragoza. Su estado de salud es 'tan precario' que entre 15 y 20 ejemplares aparecen muertos diariamente. Esto explica que el alcalde de Alicante, Luis Díaz Alperi, del PP, dictara en julio de 2000 un bando por el que 'prohíbe terminantemente que se alimente a las palomas en determinadas zonas de la ciudad'. Desobedecer esta ordenanza puede costar la broma de entre 5.000 y 100.000 pesetas.

'El propósito no es acabar con estos animales, sino sanearlos y controlar el volumen de la población para distribuirla en distintos puntos de la ciudad', abunda Zaragoza.

El estado sanitario de las palomas puede acarrear problemas a las personas. 'No nos olvidemos que las palomas urbanas son como ratas; comen cualquier cosa', añade el edil. 'El riesgo depende principalmente del contacto que se tenga con ellas, sobre todo, en las situaciones de proximidad permanente ante una elevada concentración'.

Carlos María Alexandre, presidente del Colegio de Veterinarios de Alicante, apunta que entre las enfermedades que pueden contagiar las palomas figuran aquellas de origen infeccioso, como la psitacosis -considerada la más grave- y las parasitarias.

Ciudades como Barcelona, Valencia, Murcia y Granada, entre otras, han sufrido este mismo problema. La presencia inicial de palomas en los cascos urbanos proporcionaba un cariz de bienestar medioambiental e, incluso, de atracción a las oscuras y cada vez más contaminadas ciudades. Sin embargo, lo que comenzó como un fenómeno curioso ha acabado conviertiéndose en un serio problema. Muchos municipios se han visto desbordadas por el crecimiento incontrolado de estas aves, convirtiéndose en un elemento molesto y potencialmente peligroso para la salud humana.

Zaragoza insiste en que el Ayuntamiento de Alicante curará a los ejemplares, para después distribuirlos en la ciudad e, incluso, cederá unidades a los municipios que deseen poblar su área con palomas. La plaza del Ayuntamiento y aledaños, el Mercado Central, Calvo Sotelo, plaza de Navarro Rodrigo y de Ruperto Chapí son los puntos donde se aplicará la mencionada sanción.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de febrero de 2002