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Futre y Gil Marín piden perdón

El dueño del Atlético aplaza las represalias por el 'caso Effenberg'

Jesús Gil, el dueño del Atlético, despertó de su aparente letargo. Volvió a la escena tras un año de calma con su viejo discurso de voces e insultos. Pero, de momento, no toma represalias por el frente abierto en el club entre su hijo Miguel Ángel y el director deportivo, Paulo Futre, a propósito del clandestino viaje del alemán Effenberg, jugador del Bayern Múnich, para negociar su fichaje por los rojiblancos. Tras dos días de un encendido y público cruce de amenazas y reproches, el club impuso ayer la paz.

Tanto Futre como Gil Marín pidieron disculpas por su comportamiento y aplazaron cualquier medida hasta el final de la temporada. Sólo Fernando Torres, ignorante desde la concentración de la selección sub 21 del armisticio y la ley del silencio impuesta sobre la contratación de Effenberg, avivó el fuego al declarar a Antena 3: "Me parece una falta de respeto al resto de los jugadores. Si ya negocian con otros futbolistas es que a nosotros no nos quieren". El club aseguró que tales palabras están sacadas del contexto.

Mientras tanto, Effenberg, en Alemania, supeditaba la negociación de su incorporación al Atlético a su ascenso a la Primera. "No he volado a Madrid de cachondeo. No hay nada roto con el Atlético. El asunto está en que ascienda de categoría. Cuando el equipo ascienda, nos volveremos a reunir para rematar la negociación", afirmó el teutón al diario TZ de Múnich.

5,4 millones de euros

El dueño del Atlético y su hijo Miguel Ángel tienen la intención de fichar a Effenberg. Cuentan con el visto bueno del entrenador, Luis Aragonés. El jugador ha pedido 5,4 millones de euros por temporada, una cifra que Gil estima imposible para el club por la situación económica que atraviesa y con un interventor judicial sobre sus cuentas. La solución que plantea Gil es que sea él mismo, a través de alguno de sus negocios, el que se haga cargo del fichaje, que se pagaría incluso con pisos en Marbella.

El caso es que el viaje de Effenberg a Madrid, el domingo, ha dejado al descubierto las diferencias entre Gil Marín y Futre. Al director deportivo le sentó muy mal que el club no le avisara del viaje del jugador, sobre todo porque él había desestimado su fichaje. Y las excusas del director general de que la presencia del alemán se trataba de una simple reunión de amigos no le convencieron. Cargó contra Gil Marín y le desmintió a la cara en la Cadena SER cuando éste aseguró que sí que estaba al corriente de la visita de Effenberg.

La polémica despertó a Gil, padre, de su letargo. Atacó con su virulencia habitual contra los periodistas y trató con total desprecio al portugués. "Si Futre se va, uno menos. No voy a ir de rodillas a su casa a decirle Pablo, Pablito, quédate". Lo dijo por la mañana. Horas después, Gil reunió en un almuerzo a su hijo y a Futre y sus colaboradores.

El resultado fue el comunicado oficial del club a primera hora de la noche, en el que se explicó que todo se debió a un "mal entendido" entre Gil Marín y Futre, quienes, ante los periodistas, se limitaron a lamentar la imagen dada y a pedir disculpas, al mismo tiempo que prometieron la mutua colaboración para lograr el ascenso del equipo. No aceptaron preguntas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de febrero de 2002