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OPINIÓN DEL LECTOR

En torno a la seguridad en el metro

En el año 1992 desaparecen los jefes de estación y en muchos vestíbulos del metro de Madrid se suprimen los agentes de taquilla; desde entonces, el número de empleados se ha estancado o ha disminuido, a pesar de la ampliación de la red.

Por contra, el número de vigilantes ha aumentado considerablemente.

Al mismo tiempo, el poder del jefe de control de estaciones ha ido disminuyendo a favor del servicio de seguridad, tanto que se puede decir que es éste el que verdaderamente manda en las estaciones, lo que implica que ordenen a los vigilantes realizar funciones que no les corresponden, ya que no hay suficientes empleados de Metro para realizarlas.

Valga un ejemplo: el día 20 de julio de 2001, en la estación de Sol, una viajera cayó por unas escaleras, por lo que el empleado de Metro que fue testigo de los hechos pidió al jefe de control de estaciones que llamara al Servicio de Ambulancias Municipales de Urgencia y Rescate (Samur); sin embargo, el servicio de seguridad, en vez de hacer caso, llamó a una pareja de vigilantes para que fueran a comprobar lo ocurrido y luego le dijeran si había que llamar al Samur.

Menos mal que el golpe no fue grave; si no, esos cinco minutos que tardaron en llegar los vigilantes podrían haber sido nefastos para la viajera.

Hay que apuntar que los vigilantes tienen los mismos o menos conocimientos médicos que los empleados de Metro; por tanto, aquí no se trata de mejorar el servicio al viajero, sino sólo de demostrar quién manda.

Asimismo, el accidentado se ve obligado a dar la documentación dos veces: una a los vigilantes y otra al empleado de Metro, con la consiguiente molestia.

Ignoro para qué necesitan los vigilantes los datos del viajero, ya que el único que necesita estos datos es el empleado de Metro, que debe confeccionar un parte de accidentes para el seguro.

En mi opinión, para aumentar la seguridad en el metro se deben tomar estas medidas:

- Aumento de la plantilla de empleados de Metro, que son los únicos autorizados para confeccionar partes de accidentes; eso agilizaría la atención.

- Creación de puestos de atención sanitaria dentro del metro, con personal cualificado para atender los pequeños accidentes y decidir si llamar o no al Samur.

- Como consecuencia de lo anterior, disminución del número de vigilantes al mínimo necesario, asumiendo sólo las funciones propias de su cargo.

- Limitación del poder absoluto del servicio de seguridad a favor del jefe de control.

De todas formas, al ser un empleado de Metro, mi punto de vista es subjetivo e incluso parcial, por lo que deben ser los viajeros los que decidan qué tipo de atención quieren: prestada por empleados y personal sanitario o bien por vigilantes y máquinas.

Añadir que, en caso de evacuación de accidentados, las salidas del metro a veces están taponadas por coches y hay que ir con la camilla entre ellos.

En caso de emergencia, en alguna estación pueden encontrarse con direcciones de salida que llevan a accesos cerrados por obras; además, el jefe único de la emergencia es el gerente de seguridad, que no está físicamente en el lugar de los hechos (para echarse a temblar), y no el empleado de Metro de mayor categoría que se encuentre en ese momento en la estación, como sería lo lógico.

Menos mal que siempre hay una cámara controlando, que si no...-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 5 de febrero de 2002