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Tribuna:

Las ciudades apuestan por la inclusión social

El II Foro de Autoridades Locales, que se celebra previamente al II Foro Social Mundial, ha traído a Porto Alegre a muchos alcaldes y concejales de grandes y pequeñas ciudades del mundo. El ambiente es cordial, ligeramente eufórico, como de un proyecto ambicioso que comienza a cuajar y a crear complicidades; subyace, sin embargo, un diagnóstico tenso y angustiante, patente en muchas intervenciones.

Hemos oído a Aníbal Ibarra, alcalde de Buenos Aires, esbozar, sin entrar a describirla a fondo, la tragedia que vive su ciudad; Marta Suplicy, la alcaldesa de São Paulo, se ha referido a la pobreza creciente de sus barrios, a un proceso de exclusión que no se puede atajar. Delanoë, alcalde de París, nos ha contado que su ciudad es multicultural y ello constituye una riqueza pero también una fuente de desigualdades. Y hemos oído, una vez más, las cifras de las muertes infantiles diarias en el mundo, las cifras de la marginación y la carencia crecientes, consecuencias de una globalización neoliberal frente a la que los Estados y las organizaciones internacionales se muestran cada día más impotentes. Se hace evidente que la consigna cuanto menos Estado, mejor, tan difundida en los últimos años, ha tenido como consecuencia la ruptura entre eficacia y equidad, ha roto el equilibrio laboriosamente construido desde la II Guerra Mundial y ha dejado a los sectores más débiles de la sociedad en una situación de precariedad que a menudo significa la muerte. Todo ello es cierto, y enormemente preocupante, especialmente para las autoridades locales, el nivel de la Administración más próximo a la ciudadanía y el que se enfrenta en primer lugar a las dificultades. Es a los ayuntamientos adonde los habitantes de las ciudades acuden en primer lugar para manifestar sus necesidades y reclamar soluciones. Y los ayuntamientos, en general, carecen de las competencias y los recursos para procurárselas. En una frase que define perfectamente la situación, los ayuntamientos deben resolver a nivel local y con medios locales un tipo de problemas que se genera a nivel global: el reto es netamente excesivo. Los ayuntamientos precisan hoy aumentar su capacidad de acción, su poder y sus medios, y ello es tan claramente palpable que incluso Naciones Unidas y un foro como el de Davos han reconocido la necesidad de establecer el diálogo con las autoridades locales y ayudarles a encontrar las soluciones que puedan detener el aumento de la exclusión en el mundo.

Los ayuntamientos deben resolver a nivel local y con medios locales un tipo de problemas que se genera a nivel global: el reto es excesivo

Todo esto ha sido expuesto en Porto Alegre, pero también mucho más. También se han expuesto ejemplos, acciones, formas de actuar que muestran la capacidad de los gobiernos locales para crear, para utilizar todos los medios a su alcance, para dar cauces de participación a la ciudadanía.

Frente a la impotencia que experimenta la población ante la falta de recursos y la marginación, las ciudades inventan, generan, organizan formas de acción que puedan canalizar la participación popular, que permitan establecer nuevas formas de acción. Aquí están los presupuestos participativos de Porto Alegre, que ya muchas otras ciudades van adoptando; los consejos de todo tipo, que van transformando los aspectos burocráticos de las antiguas políticas públicas en respuestas concretas a situaciones concretas; las mil y una formas de participación que han sido expuestas en este foro. Como decía el alcalde de Saint Denis, las ciudades son las primeras que sufren el desgaste de la globalización, pero son también los focos más importantes de resistencia y de creatividad, y es en ellas donde hoy se encuentran las fuerzas para enfrentarse a tal desgaste.

Por todo ello, las autoridades locales aparecen hoy como actores políticos de primera línea, que necesitan aumentar su fuerza a través de una mayor presencia y de una mayor capacidad de acción ante los organismos internacionales. El acuerdo tomado en este II Foro de Autoridades Locales es el de articular, en una forma flexible, la 'ciudad de la inclusión social', en una acción coordinada con las redes de ciudades ya existentes. Una acción que debe permitir tener mayor acceso a las fuentes de financiación, crear los instrumentos que faciliten las tareas en común, el intercambio de experiencias, los acuerdos bilaterales y el desarrollo de acciones solidarias con relación a las ciudades más desfavorecidas.

Un foro, pues, que abre una puerta a la esperanza y confirma una tendencia: la de que las ciudades del mundo no están dispuestas a permanecer impasibles ante el deterioro de las condiciones de vida de sus habitantes, y que el compromiso con los derechos ciudadanos y el fortalecimiento de la sociedad constituyen instrumentos de primer orden para atajar los desequilibrios actuales. La globalización que las ciudades plantean no es la de la exclusión y la pobreza crecientes, sino la de la paz, la utilización cuidadosa de los recursos naturales, la participación democrática y la inclusión social.

Marina Subirats Martori es concejal de Educación del Ayuntamiento de Barcelona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 5 de febrero de 2002