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La saga montañesa

Hijo, nieto y biznieto de banqueros, Emilio Botín representa en España la tradición banquera de las viejas familias, de las que ya, en estos momentos, casi sólo quedan referencias. En parte, porque su banco se ha quedado con los grandes bancos nacidos con el dinero traído de las colonias y al socaire de la expansión industrial.

El Banco Santander nació en 1857, apenas un mes después del Bilbao, impulsado por varios emprendedores montañeses y con un capital de cinco millones de reales de vellón (serían hoy unos tres millones de euros). Era un banco de provincias, con una oficina y 13 empleados. Hoy, el banco cuenta con unos activos de 330.000 millones de euros (unos 55 billones de pesetas), con presencia en 42 países, más de 10.000 oficinas y casi 120.000 empleados.

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Emilio Botín López, el primer eslabón de la saga, accedió a la presidencia a principios de siglo. Vivía en la localidad de Puente San Miguel, donde se había casado con María Sanz de Sautuola, la niña que descubrió con su padre, Marcelino, las cuevas de Altamira en 1870. Cuando muere, en 1923, le sustituye en el cargo Saturnino Briz, un indiano lebaniego que en 1934 nombró director general al hijo de aquél, también Emilio, el legendario impulsor del banco tras tomar la presidencia en 1950. La primera jugada del viejo Botín, que tenía fama de dominar el póquer, fue la adquisición del Mercantil, un banco que era más del doble que el Santander y que perseguía Banesto. A él se atribuye la frase 'ricos, lo que se dice ricos, somos muy pocos'.

Los Botín son los principales accionistas del Santander, con una participación cercana al 5%, y controlan Bankinter, que preside Jaime, el hermano menor de Emilio. Su fortuna, según Forbes, supera los 250.000 millones de pesetas (1.500 millones de euros).

El primer Botín hacía diariamente en tren 22 kilómetros hasta Santander. Hoy su biznieto surca los cielos del mundo en un jet privado. Estudió en Deusto y se casó con la bilbaína Paloma O'Shea, impulsora de un concurso internacional de piano, con la que tiene seis hijos. Los dos mayores, Ana Patricia y Emilio, están en el consejo de la entidad y sobre ellos se abre la posibilidad de continuar la saga familiar en la cúpula del banco. En la familia hay conexiones políticas. Una prima de Botín, Elena García Botín, fue diputada del PP por Cantabria y tuvo algún enfrentamiento con el ex presidente regional Juan Hormaechea, y un hermano de O'Shea, el ex jesuita Iñaki, colgó los hábitos para ingresar en Herri Batasuna.

En Cantabria, el apellido Botín es sinónimo de riqueza y poder, pero siempre ha sido objeto de controversias en la región. El sábado acudirán a la junta las fuerzas vivas regionales y bajarán de los pueblos los pequeños accionistas. Desde los sectores sindicales y partidos de izquierda volverán a reclamarle, probablemente, inversión para la región. Reiteradamente, han acusado al banco de 'dar la espalda a la industria y permitir que sea un cortafuegos entre el País Vasco y Asturias'. El Santander nunca fue un banco industrial, y con la reconversión aprovechó para desprenderse de sus participaciones significativas. Pero Botín se siente muy de su tierra y no permite que el banco deje de tener la sede en Santander.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de febrero de 2002

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