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Blair promete en Afganistán todo el apoyo para sostener el régimen de Karzai

El primer ministro británico se convierte en único líder occidental que visita el país desde la guerra

El primer ministro británico, Tony Blair, se convirtió ayer en el primer dirigente occidental que visita Afganistán tras el inicio de la guerra. Blair aterrizó por la noche junto a su esposa, Cherie, en la base aérea de Bagram, a 50 kilómetros al norte de Kabul. Allí fueron recibidos por el jefe del Gobierno afgano, Hamid Karzai. "Nos habría encantado ofrecerles la suficiente seguridad como para ir a Kabul", dijo Karzai. Blair respondió: "Por desgracia debemos actuar así". El primer ministro británico se comprometió con los afganos a mantener las tropas.

Blair prometió ayer a Karzai que las tropas británicas no abandonarán Afganistán mientras su presencia sea necesaria. El primer ministro aseguró que hay que dar una oportunidad al nuevo gobierno afgano. "Estamos siempre del lado de los afganos y permanecemos allí hoy", señaló Blair.

Una alta delegación del Senado estadounidense llegó también ayer a Afganistán. Entre los nueve delegados de ambos partidos destacaban Joe Lieberman, ex candidato demócrata a la vicepresidencia, y John McCain, ex presidenciable del Partido Republicano. Ambos se reunieron con Hamid Karzai.

Por otra parte, el representante especial de la ONU para los Derechos Humanos en Afganistán, Kamal Hossein, hizo ayer un llamamiento al desarme general en Afganistán como requisito imprescindible para la creación de un genuino Estado de derecho. "La ley de las pistolas debe dar paso al imperio de la ley", afirmó Hossein en su primera visita a Kabul desde la huida de los talibanes, el pasado 13 de noviembre. "Las armas no sólo deben ser silenciadas, sino requisadas por completo", aseguró. El objetivo no será fácil de cumplir en un país que lleva 23 años de guerra civil y donde la mitad de la población masculina va armada.

Hossein, que ha efectuado una gira de tres semanas por varios países vecinos, pidió a la comunidad internacional que no olvide a Afganistán como hizo en los años noventa y que, en lugar de armas, proporcione a su Gobierno provisional los recursos necesarios para facilitar la transición democrática y fortalecer las instituciones. "La tragedia afgana no se hubiera producido si las grandes potencias no hubiesen armado hasta los dientes a las diferentes facciones. Eso no puede repetirse", afirmó el diplomático de Bangladesh.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de enero de 2002