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Crónica:19ª jornada de Liga | FÚTBOL

Los fantasmas vuelven a Balaídos

El Celta empata con el Rayo Vallecano y desperdicia toda posibilidad de liderar la tabla

Otra vez como en los peores tiempos, el Celta dejó escapar en plena agonía del partido una victoria que no sólo mereció, sino que debió adornar con más goles antes de llegar al descuento, ese período en el que tantos sustos se lleva. El Rayo disparó tres veces a puerta y anotó dos goles, los mismos que le reportaron a los de Vigo sus largos minutos de dominio. Su gobierno del partido rozó la suficiencia, de la que se excedió en el minuto 92, cuando dejó volar dos puntos mientras se recreaba con el dulce sabor del triunfo. Demasiados fantasmas acechan al cuadro de Víctor Fernández como para dar algún día un auténtico golpe de mano. Son miedos de distinto tipo: unos le llevan a desperdiciar marcadores perfectos; otros le condenan al papel de secundario siempre que la cabeza de la tabla o algún otro objetivo relevante se pone a tiro.

CELTA 2| RAYO VALLECANO 2

Celta: Cavallero; Coira, Berizzo, Cáceres, Juanfran; Vagner, Luccin; Karpin, Edu, Jesuli; y Catanha. Rayo Vallecano: Etxeberría; Corino, De Quintana, Mainz, Graff; Pablo Sanz (Glaucio, m. 71), Quevedo; Ferrón (Peragón, m. 51), Baljic, Míchel; y Bolo (Bolic, m. 71). Goles: 0-1. M. 37. Bolo cabecea a saque de un córner. 1-1. M. 53. Catanha, a centro de Juanfran. 2-1. M. 65. Edu, de fuerte disparo. 2-2. M. 90. Bolic, de cabeza. Árbitro: Pérez Lasa. Mostró tarjetas amarillas a Coira, Baljic, Vagner, De Quintana, Corino, Catanha y Víctor Fernández. Unos 18.000 espectadores en Balaídos.

Ayer se conjugaron los dos, y la posibilidad de liderar la clasificación que vino acariciando en los últimos días -dependía de su victoria y de un empate en el Bernabéu- estalló en mil pedazos. La jugada que solucionó el partido reunió todos los elementos de una desgracia. Coincidió con un cambio: bien para arañar segundos, bien porque el lateral Juanfran no aguantaba más, Víctor Fernández le sustituyó por Yago, un central. Antes de que Berizzo tuviera tiempo de entender que el carril izquierdo quedaba para él, Peragón se le coló por la banda y largó un centro al segundo palo a Bolic, que remató apenas vigilado por Yago con la mirada. Y al Celta se le quedó esa cara que ya ensayó en encuentros como el del Athletic.

El instinto del Rayo en ese lance fatal para los celestes y el gol de Bolo fue lo único decente que dejó en Balaídos el equipo de Gregorio Manzano, que asumió un papel menor a lo largo del resto del encuentro. Enfrascado en la destrucción del juego del Celta, su tarea sólo tuvo cierto éxito en la primera parte, en la que los de Vigo brillaron nada más que a ráfagas. Y en un córner logró adelantarse en el marcador cuando se intuía el descanso. La reacción céltica en la segunda parte fue encomiable. Empujado por Jesuli y por un Edu sobresaliente, el grupo de Balaídos fue comiéndole terreno al Rayo, que pareció resignado a su suerte incluso cuando ya perdía.

En los dos goles locales se equivocó la defensa de Manzano: en el primero, nadie se acordó de marcar a Catanha, que remató un centro largo de Juanfran; en el segundo, la defensa se fue en bloque a por el hispano-brasileño, y dejó que Edu preparase un durísimo disparo que entró por la escuadra. A diferencia de otras tardes en las que la desgracia se intuía, en esta ocasión Balaídos se entregó a disfrutar de los mejores minutos del Celta, los que siguieron al segundo gol local. Fue la hora de Edu y de Gustavo López, que entraron en el área del Rayo por todos los caminos posibles. Estaban las cosas para adornar el marcador, pero no para frivolidades como remodelar la defensa en el instante final: el inofensivo Rayo olisqueó un resquicio y se coló por él.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de enero de 2002