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Un pillo catalán desvalija al Barça

Tamudo, genuino representante del Espanyol, decidió un 'derby' que la hinchada barcelonista ignoró por temor

Un pillo de nombre Tamudo, tan perico como Arcas, se bastó para desvalijar a un equipo que por el escudo se identificaba como el Barcelona y que no se sabe si iba o venía de Montjuïc. El Barça está tan perdido que ya no le queda ni el valor de disputar el derby, del que se salió de mala manera, como si fuera un partido cualquiera. Ya no tiene el Barça a quién defender de tan solo como se está quedando.

Por la actitud barcelonista, podría parecer que ya no hay nadie que deje de hacer nada por el derby. Que las riñas entre periquitos y culés han pasado a mejor vida y la gente discute más acerda de las cosas de la vida, de los mossos y de los hombres del tiempo por ejemplo, que de fútbol. A juzgar por cuanto se dice, ni siquiera se cruzan apuestas porque cuesta jugarse los cuartos por un futbolista, así que mejor ir de compras por la mañana y quedarse en casa por la noche, mucho más cómodo que acudir al campo, con el frío que hace y lo poco que calienta el juego de hoy día.

A falta de orgullo por defender, al hincha le ocupa solamente el cabreo de la derrota, de manera que mejor no mirar o, cuanto menos, hacer ver que uno no está con los suyos, porque no se siente representado. Así está el Barça, un club del que la gente va dimitiendo, porque le cuesta reconocerse. En el Espanyol, en cambio, la comparecencia del Barcelona ayuda a la reconciliación y a identificar al enemigo. Ya sea en Montjuïc o en Sarrià, el derby siempre será el derby, porque se asume la posibilidad de perder, pensando en lo bonito que resulta ganar.

En el Espanyol, si acaso, se debate sobre el entrenador tanto como en el Barcelona. La figura de Flores provoca polémica por su manera de ser, mientras que Rexach no se sabe muy bien quién es ni de qué va. Harto de ser tomado como el bufón del Camp Nou, que igual servía para un barrido que para un fregado, de momento Rexach ha mandado parar y se ha puesto serio, tal que fuera de verdad el entrenador del Barça por muchos años. Charly ha aprendido a decir que no y desde hace unos días se hace llamar mister, no por nada, sino porque le tratan y exigen como el que más.

A Rexach, por lo que parece, ya sólo le vale ganar; así que no se sabe qué pasará una vez ha vuelto a perder. La alineación de ayer avala tanto la indefinición como la presión que atormeta al técnico. El entrenador se mostró atrevido cuando recuperó la cultura de los extremos, sobre todo para enfrentar a los laterales del Espanyol, especialmente débil en el juego por banda. En cambio, y en ausencia de Xavi, renunció al medio centro y el equipo se quedó decapitado, falto de gobierno, demasiado directo. Rexach habría puesto a Iniesta, sin atender a lo que podía pasar, ignorando el posible resultado, confiando en un chico de 17 años del que Guardiola, en conversación con Xavi, dijo hace dos años: "Tú me quitarás el puesto a mí, pero éste [Andrés Iniesta] nos retirará a los dos". El entrenador del Barcelona, sin embargo, está entregado al marcador y su desafío se quedó a mitad de camino.

Flores correspondió a Rexach y protegió los flancos, cambiando los dos jugadores del costado derecho, para combatir a los extremos contrarios, y procuró que el juego lo dictaran sus centrocampistas, superiores en número a los azulgrana, faltos de juego combinativo y de elaboración y de personalidad.

El Barcelona de hoy se resume en Puyol y el Espanyol se expresa en Tamudo, una comparativa que favorece al colectivo blanquiazul, más que nada porque hasta hace poco se suponía que quien se defendía era el equipo menor y quien atacaba, el grande. La perseverancia del ariete españolista tuvo su recompensa en un gol que retrató igualmente a Frank de Boer, que siempre aparece en la fotografía de los tantos en contra, y a Bonano, demasiado insistente en los rechaces frontrales, tanto da que sea con los pies como con las manos. Tamudo repitió poco después y firmó la primera victoria del Espanyol sobre el Barcelona en Montjuïc.

Hacía cinco años que los azulgrana no perdían con los blanquiazules y más de catorce que no eran octavos en el campeonato. Hoy, sin embargo, no hay equipo que no se atreva con el Barcelona, convertido en un club desorientado, falto de una acción de gobierno tanto en la sala de juntas como en el vestuario, ninguneado de todas las maneras, después de despilfarrar 30.000 millones de pesetas en dos años. En consonancia con los nuevos tiempos, ayer le silenció un Espanyol, forjado en la cantera. A los que anoche se reconocían como culés en Montjuïc no les quedó otra salida que felicitar al rival ciudadano. El Barcelona no parecía existír ni como club victimista.Tal como diría Flores, Cataluña le pudo al resto del mundo, y el equipo catalán era el Espanyol.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de diciembre de 2001