Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Tamayo se arriesga a reponer 'El gran teatro del mundo' sin subvenciones

Vicente Gisbert critica el 'funcionariado' teatral

José Tamayo tenía claro desde sus comienzos dos cosas en la representación del auto sacramental de Calderón de la Barca El gran teatro del mundo: los actores no saludarían y sería en el marco de una iglesia. Pero, finalmente, y por segundo año, tras pasar por catedrales de media España y por el Vaticano, la obra de la Compañía Lope de Vega se ha repuesto en el teatro Bellas Artes de Madrid, esta vez con la desventaja de no contar con subvenciones y en plenas navidades.

Las fechas navideñas han dejado de ser una buena época para los teatros. 'La gente no va, y como muchos tienen subvenciones, actúan como un funcionariado y cierran. Incluso, en algunos se montan belenes', se queja Vicente Gisbert, Dios en El gran teatro del mundo. José Tamayo, sin embargo, ha aprovechado los ensayos de su segunda compañía, que estrenará Enrique IV, de Pirandello, en enero, para reponer en el teatro Bellas Artes de Madrid, que tiene arrendado, esta obra de Calderón. La producción, estrenada el pasado martes y en cartel hasta el 6 de enero (con la excepción de mañana, que se representará en el teatro Villa de Móstoles), resulta muy costosa, pues al elenco de diez actores se unen los gastos de la Coral Polifónica de Madrid.

'De acuerdo con mi trayectoria, sólo hago el teatro de gran calidad, que es el único en el que creo, aunque sea, como en esta ocasión, sin subvención, porque el Inaem me ha denegado apoyo alguno, argumentando que las posibles ayudas no se convocarán hasta dentro de unos meses para las compañías de ámbito nacional y la Unión Europea', contesta Tamayo cuando se le pregunta por el riesgo que corre al llevar a escena este proyecto. Y agrega: 'Siempre he creído que a las malas fechas hay que responder con una programación óptima'.

Calderón de la Barca escribió El gran teatro del mundo, que se estrenó en 1635, con un propósito apologético y didáctico y para exaltar la eucaristía, lo que explica el interés de Tamayo en representar el auto en templos religiosos. Convertido en autor, Dios (Vicente Gisbert) llama al Mundo (Francisco Valladares) para que disponga decorados, efectos especiales y atrezzo para que unos actores mortales representen El gran teatro del mundo: 'Seremos, yo el Autor en un instante, tú el teatro y el hombre el recitante'. De esta forma, en el escenario aparecen el Rey (Francisco Grijalbo), el Pobre (Pepe Rico), la Hermosura (Antonia Paso), el Labrador (Cesar Sánchez), el Rico (José Hervás), la Discreción (Julia Martín), el Niño (Raquel Arenas) y la Ley de Gracia (Aurora Frías).

La Compañía Lope de Vega, que tiene su propio repertorio, alterna la representación de El gran teatro del mundo con Los intereses creados y El diario de Ana Frank. El montaje se estrenó en la basílica de San Francisco el Grande de Madrid en junio de 1998; aunque su mayor éxito llegó en 2000, coincidiendo con el cuarto centenario del nacimiento de Calderón de la Barca y la celebración del año santo en Santiago. En ese año, el espectáculo viajó a muchas catedrales españolas (Sevilla, Córdoba, Segovia...) e iglesias, en las que se representó a bajo coste por las ayudas públicas y privadas concedidas. Llegó incluso a clausurar el 47º Congreso Eucarístico Internacional en la sala de audiencias Pablo VI del Vaticano ante 6.000 personas y con la presencia del papa Juan Pablo II.

Escenarios paganos

Satisfecho con la gira, Tamayo planeó entonces llevar el auto a escenarios paganos: 'Mi propósito de representarlo en el interior de las catedrales y templos se cumplió plenamente durante 2000 y con un éxito multitudinario, con un público que escuchaba con profundo silencio el verso de Calderón y aplaudía al final durante minutos y minutos'.

Y ahora, por segunda vez, se representa en este teatro de estilo italiano en el que se pierde espectacularidad ('en las iglesias se flota', afirma Gisbert), pero en el que a los actores, que en los templos actúan con micrófonos, se les escucha mejor. 'En las catedrales hay que declamar más despacio para evitar el eco, y en un teatro el verso se pronuncia más rimbombante, más propio de Calderón', afirma el Mundo, Francisco Valladares.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 20 de diciembre de 2001