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Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Tres historias de oro y guerra

Cuarenta años de machacona propaganda franquista sobre el oro de Moscú, sobre el 'expolio de España por los rojos', sirvieron para ocultar una ironía histórica conocida hasta ahora por muy pocos: veinte años después del final de la guerra civil, la dictadura también se vio obligada a vender las reservas de oro españolas -compradas a Alemania y fruto del saqueo nazi-, pero esta vez a ¡Estados Unidos! ante el colosal fracaso de la política económica del franquismo.

Tomando como hilo conductor el más codiciado de los metales, Pablo Martín Aceña, catedrático de Historia Económica de la Universidad de Alcalá, narra tres historias de oro y guerra en el contexto político de las décadas más dramáticas del siglo XX. Y lo hace con una amenidad que logra que su trabajo de investigación en los principales bancos centrales y el estudio del reciente material desclasificado por Washington y los archivos militares soviéticos se lea con el mismo interés que una trama novelesca.

El oro de Moscú y el oro de Berlín

Pablo Martín Aceña. Editorial Taurus. ISBN 84-306-0448-0

La primera historia se ocupa de los centenares de toneladas de oro que en octubre de 1936 salieron rumbo a Moscú. La decisión tomada por el entonces ministro de Hacienda, el doctor Juan Negrín, siempre fue considerada por los republicanos una medida necesaria para sostener el esfuerzo de guerra contra los franquistas, dada la política de no intervención de Francia y Gran Bretaña.

Sin embargo, Martín Aceña califica tal decisión de 'precipitada' y 'extravagante', ya que puso al Tesoro español en manos de una 'burocracia impenetrable' como la de Stalin. En su opinión, la República sí tuvo otras alternativas. Desde almacenarlo en la base naval de Cartagena, que como todo Levante no cayó hasta el final, hasta colocarlo en las plazas financieras europeas o de EE UU, como de hecho ocurrió en 1938 con miles de toneladas de plata compradas por la Reserva Federal y la banca de Nueva York.

La segunda trata del expolio nazi de las reservas de los bancos centrales de los países ocupados (Austria, Checoslovaquia, Hungría, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Italia, Yugoslavia, Albania y Grecia) y de los bienes de la comunidad judía, así como del cinematográfico hallazgo por las tropas del general Patton en febrero de 1945 de lo que quedaba del tesoro del III Reich.

Aquí empieza la tercera historia, que duraría hasta 1999 y en cuyo remate participó el autor al dirigir la investigación del Banco de España para la comisión internacional sobre el oro nazi.

En síntesis, las autoridades franquistas, convencidas de la victoria de las potencias del Eje, inviertieron sus escasas divisas, a costa del hambre y la penuria de la población, en comprar oro a Alemania. Al acabar la guerra, los aliados, como ya habían advertido a los países neutrales durante el conflicto, inmovilizaron los lingotes españoles durante cuatro largos años. Pero al error de cálculo, el franquismo sumó la sinrazón económica que resumía la famosa fórmula de Carrero Blanco: 'Orden, unidad y aguantar'. De forma que, cuando en plena guerra fría, EE UU concedió créditos a España exigió el oro como garantía y, al persistir el desatre económico, acabó quedandose con él. Al final no quedó ni oro de Moscú ni de Berlín. Pablo Martín Aceña ha escrito un apasionante relato que devuelve a la historia de España unos hechos sepultados durante demasiado tiempo por la leyenda y la propaganda.

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