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Necrológica:Necrológicas

Víctor Astáfiev, escritor ruso

El escritor ruso Víctor Astáfiev, uno de los máximos representantes literarios de la generación marcada por la Segunda Guerra Mundial y del grupo de "escritores de aldea", murió en la noche del 28 de noviembre en la ciudad siberiana de Krasnoyarsk. Astáfiev, que tenía 78 años y un corazón frágil, constituía un punto de referencia como portador de valores morales dentro de la cultura rusa.

Poco amante de honores y premios, el escritor, que en 1942 marchó voluntario al frente y fue gravemente herido en la guerra, vivía retirado de la vida pública entre su piso de Krasnoyarsk y su casa de madera en Ovsianka, una localidad junto al río Yenisei, donde había nacido y donde hizo construir una fantástica biblioteca.

El premio Nóbel de Literatura Alexandr Solzhenitsin calificó ayer a Astáfiev de "auténtico escritor ruso", "verdadero amante de la verdad" y uno de los primeros que "reaccionó con sensibilidad ante la degradación moral de nuestra vida".

Habiéndose quedado huérfano muy pequeño, Astáfiev pasó parte de su infancia en un orfanato situado en la zona polar ártica y trabajó después como camionero y telefonista, mientras estudiaba en la escuela nocturna. Comenzó a escribir sobre la guerra en señal de protesta contra la amanerada prosa oficial soviética y en 1951 publicó su primer cuento. Su estilo, capaz de expresar dolor, ternura y una íntima solidaridad con sus compatriotas, supuso un verdadero revulsivo para la época. En un lenguaje cargado de poesía, Astáfiev supo captar los matices de la naturaleza de su Siberia natal y desarrolló el tema de las relaciones intuitivas entre el hombre y su entorno. Entre sus obras se cuenta El robo, cuyo tema es el destino de un huérfano durante el periodo de la represión estalinista; Pastor y Pastora, El pez rey y El detective triste. También fue autor de cuentos infantiles. Fue traducido a numerosos idiomas y galardonado con las máximas distinciones literarias de su país.

El cadáver del escritor será enterrado en el cementerio de Ovsianka, la localidad donde, según decía a esta corresponsal en 1996, "disfrutaba de la dulzura venenosa de la soledad", mientras releía Las almas muertas, de Nikolái Gogol, y El Quijote, de Cervantes.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de noviembre de 2001