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Entrevista:JOSU ZABALETA | Premio Euskadi de Traducción

'Los traductores somos un factor de normalización'

Josu Zabaleta, premio Euskadi de traducción por verter al euskera Fantasiazko ipuinak (Cuentos fantásticos), de Guy de Maupassant, no cree en el viejo dicho que equipara la traducción a la traición. Trasladar una obra literaria a otra lengua, asegura, siempre enriquece el idioma, porque la versión definitiva será la interpretación que haga cada lector.

Pregunta. ¿El traductor debe dejar huella?

Respuesta. La traducción requiere una lectura interpretativa. La nueva redacción del texto te obliga a replantearte lo que has leído. El traductor necesariamente va a dejar una huella porque es una nueva lectura, más profunda, y una nueva redacción. Quieras o no, toda lectura de una obra literaria es una traducción. Al final, de esa interacción, de ese acto literario, una obra escrita que es leída, va a salir otra obra. En toda lectura se da una traducción.

P. ¿Qué papel juega la creatividad del traductor?

R. Enorme, porque la escritura del traductor se hace con ideas dadas, pero el nuevo texto nace porque tú has reunido las condiciones de creatividad necesarias. Y además hay que respetar un texto original, repetir ese acto de comunicación.

P. ¿Es el traductor un escritor frustrado?

R. Si Maupassant dice cosas más interesantes que yo, para qué voy a escribir las mías. El traductor es un escritor humilde, pero un buen redactor que debe recrear la estilística de otro.

P. ¿Qué le parece que se traduzcan obras a partir de otras traducciones, no del original?

R. Una mala traducción, con tal de que el texto sea bueno, es mejor que una traducción inexistente. Es aportar a tu literatura un texto. En la traducción se puede perder, pero se puede ganar. Se analizan las diferencias entre el texto original y el texto traducido, pero eso no es así. El texto original que tú lees, es tu interpretación del original. Lo que funciona es el acto de lectura; y el acto de lectura, tanto del original como de la traducción, depende de tus conocimientos, del sistema de connotaciones de tu memoria literaria, que se establecen mucho mejor en tu propia lengua. Yo he traducido a [Leonardo] Sciascia del italiano al euskera, pero prefiero leer a Sciascia en castellano.

P. ¿Por qué?

R. Porque buena parte de mi memoria literaria está en castellano. Desde chaval he leído en castellano, y, además, la memoria es anárquica. Las primeras lenguas que aprendes, que puede ser una o varias, son las que te abren al mundo y a la relación con otras lenguas. No hay que hacer metafísica de las lenguas; está claro que las lenguas sí nos condicionan, pero que sea ideológico, como se ha dicho, yo no me lo creo.

P. ¿Qué le lleva a esa conclusión?

R. Los dictadores hablan la misma lengua que sus opositores y la falta de libertad habla la misma lengua que la libertad. Si hay lenguas de dictadores, lo que hay que hacer es arrebatársela. Aunque es verdad que la lengua puede ser un campo de autoritarismo.

P. ¿En qué sentido?

R. Puede ser un elemento a imponer. Creo que en algunos sectores el euskera es una lengua a imponer. Es servirse de la lengua como campo de autoritarismo. La gente que habla en castellano a mí no me estorba, me estorban los que no piensan. Cualquier lengua es buena para hablar, pero todas son malas para no pensar. Y creo que los traductores somos un factor de normalización.

P. ¿Qué han aportado a la normalización lingüística?

R. La literatura vasca actual no se entiende sin la traducción. Hemos creado el lenguaje literario, el lenguaje periodístico, el lenguaje administrativo. Este país ha vivido una situación de diglosia, pero no ha estado callado. Buena parte de su vida la ha expresado en castellano o en francés, y son los traductores los que han creado las vías para que esas vivencias sean expresadas en euskera. Me siento orgulloso de ser traductor, porque la calidad actual de la traducción al euskera me hace decir chapeau.

P. ¿Cómo se ha llegado a ese nivel?

R. Nos ha tocado hacer un esfuerzo estos últimos 20 años de teorización, de análisis, de elaboración, de creación de nuevos lenguajes, y ese esfuerzo nos ha dado una exigencia en la fidelidad de la traducción que en otras literaturas no hay. Me he llevado muchas sorpresas en congresos y en reuniones de la Federación Internacional de Traductores. El planteamiento de nuestros problemas era considerado un grado alto de teorización, por traducir a una lengua minoritaria en proceso de normalización.

P. ¿Y la traducción del euskera al castellano?

R. Creo que se traduce poco. Y hay buena literatura.

PERFIL

Josu Zabaleta (Legazpia, 1948) empezó sus estudios de Filosofía en Bélgica y los acabó en Roma. Casado y padre de dos hijos, ha sido profesor de traductores y promotor de su asociación profesional. Si pudiera elegir, se dedicaría en exclusiva a verter al euskera la literatura italiana, como ya ha hecho con obras de Leonardo Sciascia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de noviembre de 2001

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