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Sobrevivir al estigma

Marcado de por vida por un penalti fallado, es el extranjero con más partidos de Liga

'Sé que eso no se va a borrar nunca'. Miroslav Djukic es un hombre franco y realista, y admitió desde el primer momento que su carrera estaría marcada por un estigma, aquel penalti maldito en el último minuto de la Liga 1993-94 que no pudo llevarse el Deportivo. Fue el desenlace más rocambolesco de la historia del campeonato español, a cuya memoria quedó adherido para siempre el nombre de Djukic. Pero el defensa serbio nunca se derrumbó por un episodio que podía haber acabado con la carrera de cualquier otro futbolista, y el pasado domingo, a los 35 años, volvió a entrar en la leyenda en un capítulo mucho más agradable: superó la marca de Hugo Sánchez y se convirtió en el extranjero no nacionalizado que más partidos ha jugado en la Liga (348).

¿Por qué desobedeció aquella tarde el inquietante consejo de su mujer?. 'Si hay un penalti, no lo tires', le había dicho antes de salir de casa, el 14 de mayo de 1994, la tarde que el Depor iba a ganar el primer título de su historia. Pero Yuka, como le llamaban sus compañeros, era un tipo frío y valiente, y cuando todo el mundo escapó de aquel penalti, él se presentó voluntario. Aunque le tuvieron que sacar del campo en volandas, nunca más volvió a mostrar un síntoma de debilidad: esa misma noche se presentó sonriente a la cena con el resto de la plantilla.

Djukic ya estaba endurecido por la vida. Tres años atrás, aún conducía una máquina excavadora en Belgrado al tiempo que jugaba al fútbol, cuando le descubrió el Deportivo, entonces un equipo de Segunda. La afición de A Coruña quedó prendada de él desde el primer día: en Yugoslavia jugaba de medio centro, pero Arsenio Iglesias lo puso de líbero y Riazor se extasió con su elegancia para cortar cualquier cosa que cayese en el área. Fue la etapa más feliz de su vida, aunque acabó de modo traumático. El destino volvió a bromear con él, y apareció el Valencia -no podía ser otro- con una oferta que le garantizaba su futuro. El Deportivo no la igualó y Djukic se marchó de A Coruña vilipendiado como un traidor, aunque con amigos para toda la vida, como Fran y Mauro Silva.

En el Valencia también ha dejado pruebas de su carácter: no se habla con Cañizares desde hace dos años, cuando el portero lo abroncó ante todo el Bernabéu con grandes aspavientos. Con los años, cada vez juega menos, pero lo suficiente para haber logrado una marca que compense el estigma del que nunca podrá librarse.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de noviembre de 2001