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Reportaje:

Arte dentro y fuera del plato

Hace unos quince años, un muchacho enjuto vestido de negro, dotado de una enorme elasticidad gestual y vocal, sorprendía a todos los espectadores del programa de televisión Un, dos, tres. Aquel muchacho era muchas personas: un tal Pepe Itárburi, un exagerado que adelantaba el final de los chistes; un tal Juan de la Cosa, un experto en adivinanzas surrealistas que reunía ingenuidad con mala uva; la madre de ambos, y un tercer hermano, Chikito Nakatone, japonés para más guasa. Para entonces la persona real que animaba a estos seres ya estaba enganchado a sus dos pasiones: el coleccionismo artístico y la gastronomía. Nació en La Línea, hace treinta y tantos años. Y ya se llamaba Ángel Garó. Anoche inauguró en Málaga un restaurante-museo donde viven ambas aficiones.

'La Casa del Ángel es un templo para mis cariños, afectos y aficiones', confesaba el gaditano en un escorzo inverosímil mientras camareros, maître y cocineros ultimaban los preparativos para una recepción multitudinaria. 'Hacer este sueño de arte y gastronomía tiene razones sentimentales. Mi madre se vino aquí a vivir hace quince años, cuando me fui a Madrid. Además yo estoy muy agradecido a esta ciudad: soy hermano de honor de la cofradía del Cautivo, la más popular de Málaga, y he sido abanderado de su feria, una distinción reservada a malagueños'.

Garó se ha tomado esto como un reto personal. De hecho, se ha reservado como vivienda la última planta de su refectorio, situada frente al Teatro Cervantes. Se le ha visto pasear en los últimos meses por esa calle Madre de Dios gritando a los responsables de la restauración de su casa-museo. 'Parecía un faraón a pie de pirámide', bromea. Desde la restauración del antes destartalado inmueble del XIX, hasta su decoración entre romántica y barroca, pasando por el menú, lo ha controlado todo. Parece acostumbrado. Recuerda que fue él quien por primera vez dobló a todos los personajes de una película de animación: 50 voces en Ferngully. Luego ha hecho El emperador y sus locuras.

Aunque sus cocineros han sido formados en la prestigiosa Escuela de Hostelería de La Cónsula, la autoría de la carta es obra del propio Garó, quien desde pequeño recopiló recetas familiares. Su oferta es clara: 'comer con arte, dentro y fuera del plato'. Así ha logrado una mezcla de cocina creativa propia de La Cónsula, con homenajes a la cocina casera. En la carta no faltan ni el paté de foie con salsa de granadas, las albondiguillas de la receta de mi madre a la salsa El Limonar, el gazpacho de aguacates y gambas... Todo con apellidos malagueños: Alcazaba, Picasso, El Palo... Garó recalca que aquí no hay negocio sino altruismo y amor a Málaga: 'Esto lo monto así para que los medios hablen de la ciudad y disfruten con esto; una vez conseguido, yo hago mutis por el foro... Es como en mi profesión. Cuando termino la función no me verás contando chistes. ¿Para qué, si en España todo el mundo es humorista?'

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 25 de octubre de 2001