Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
REPORTAJE

Claveles en su tinta

El consenso político sobre el Estatuto restó emoción a la jornada electoral, eclipsada históricamente por el 28-F

El viceconsejero andaluz de Interior, José Aureliano Recio Arias, miró con asombro los claveles que se habían colocado estratégicamente en el salón de los espejos del hotel Macarena. Mezclados entre las flores blancas, resaltaban por su verde imposible. Agarró uno para prenderlo en el ojal de su chaqueta y descubrió, entre atónito y jocoso, que estaban ensopados en tinta verde. 'Supongo que alguien dijo que los pintaran llevado por el furor autonomista', especula Recio.

El 20 de octubre se cumplirán dos décadas desde que los andaluces se pronunciaron sobre el Estatuto que habría de regir su vida autonómica; 20 años desde que José Aureliano Recio, a la sazón viceconsejero de Interior, se reafirmó en lo que ya sabía sobre las limitaciones genéticas de los claveles.

Los resultados se anotaron sobre la pizarra del 28-F, un tablón de aglomerado pintado de verde

Entonces triunfaban el pop almibarado de Iván y Los Pecos, el rock juvenil de Tequila y un venezolano de penacho tieso que se llamaba a sí mismo El Puma y le cantaba a un pavo real. Las listas de éxitos tenían algo de bestiario: la canción del verano del 81 ponía a bailar pajaritos al son del acordeón de María Jesús y Javier Gurruchaga se transmutaba en un peculiar lobo sobre los escenarios para cantar Caperucita feroz.

El rock con reminiscencias andalusíes triunfaba gracias a Triana, que aquel año arrasó con Una noche de amor desesperada. Tom Martín Benítez tenía 28 años cuando le enviaron desde Televisión Española a cubrir el referéndum sobre el Estatuto de Autonomía de Andalucía que se votaba aquel 20 de octubre de 1981. Era la segunda cita electoral de carácter autonómico después del 28-F que se celebraba aquel año, el año del golpe de Estado y también de la instrucción judicial contra el centro de planificación familiar de Los Naranjos, en Sevilla, por la práctica de abortos y por la que se procesaron a 24 personas.

En la memoria colectiva quedó marcada a fuego la jornada del 28-F, pero la vivida ocho meses después pasó casi sin pena ni gloria, como si todos los jirones emotivos se hubieran agarrado a la cita de febrero. 'Para que haya emoción es necesaria la incertidumbre', se justifica José Aureliano Recio.

Aquel 20-O no había apenas incertidumbre: el texto estatutario se había consensuado entre todas las formaciones. Fue pues una campaña electoral de todos contra nadie, aunque cada organización llamaba al electorado con sus matices. Únete al sí de Clavero (Unidad Andaluza), Vota sí, el Estatuto vale (PSOE), Paro al paro, nuestro sí al Estatuto (PCA), Nuestro futuro es nuestro (UCD). El PSA, antecedente del Partido Andalucista, trató de transmitir su postura crítica con un lema casi tan rebuscado como la pregunta utilizada en el 28-F. Sí en el referéndum, para superar este Estatuto en el Parlamento andaluz, rezaba su cartelería.

Las hemerotecas, al menos en esta ocasión, corroboran los recuerdos de testigos de aquella jornada. Había cierta indiferencia, incluso una frialdad ante la convocatoria que no le gustaba una pizca al presidente de la Junta de Andalucía, Rafael Escuredo. 'No trabajar para ir dónde nos corresponde y no explicarle al pueblo andaluz lo que significa la autonomía es fragilizar la democracia', lamentaba en Cádiz 10 días antes de la cita con las urnas.

Faltó calor pero también escasearon los incidentes en las 6.225 mesas electorales repartidas por Andalucía, a excepción del caso de Dalías (Almería), donde sólo votaron 22 de los 2.500 electores en protesta por la decisión de la Junta de aprobar el cambio de capitalidad a El Ejido.

Antonio Ojeda, el consejero de Interior, tenía 39 años. Recuerda la baja participación electoral -la abstención alcanzó el 46%- en consonancia con una campaña de baja intensidad. El 20-O se le grabó como el envés del 28-F, casi como a todos, que para recordar el referéndum del Estatuto necesitan apuntalarlo sobre el de la autonomía. 'Así como el 28-F tiene mucho que recordar, el 20 de octubre fue muy light, sin el gancho de la otra', rememora.

Apenas ha retenido detalles especiales de las horas pasadas en el hotel Macarena, donde la Junta de Andalucía había montado el cuartel electoral sobre cinco habitaciones y un salón. No eran tiempos de garbo presupuestario, ni de coches oficiales, revive José Borrero, que ejercía como secretario y como de todo un poco del viceconsejero Recio. Él tenía 41 años. 'Ser consejero de la Junta en aquel momento era como ser un bedel, un mindundi, y yo era el que llevaba el abanico del mindundi', recuerda.

Hicieron el recuento con datos que facilitaban los Gobiernos Civiles y los propios partidos políticos. Recuperaron la pizarra del 28-F, aquella que Borrero encargó a un tío suyo que pintara de 'verde carruajes' sobre un tablero de aglomerado y donde las líneas divisorias se había trazado a base de tiras de esparadrapo de tela 'de centímetro y medio'.

Aquella noche Borrero descubrió que no tenía cara para una buena caricatura. Se lo dijo Peridis después de tantearle los trazos sobre un cartón. A Tom Martín Benítez se le grabó la noche acompañado por la periodista Pilar del Río y por la transmisión regionalizada que se hizo para Andalucía cuando Televisión Española todavía no dedicaba tiempo diferenciado a la información andaluza, salvo cuando llegaban los Carnavales de Cádiz.

'Recuerdo que Aureliano subía a apuntar los datos, no sé si en algún momento subiría yo para anotar algunos', revive Martín Benítez. Tampoco para él tuvo el color del 28 de febrero, pero al mirar atrás recupera un sentimiento de gozo: 'Había una idea de emotividad, como si supieras que aquello que estabas viviendo tenía que ver con la historia'. El Estatuto que rige la vida autonómica fue avalado por 2.177.949 votos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de octubre de 2001