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Editorial:

El amo no vende

¿Conflicto de intereses? Berlusconi pretende resolverlo a su manera controlando no sólo los medios del Estado, sino conservando sus propias empresas. El Cavaliere, que antes de las elecciones de mayo sugirió que vendería sus empresas privadas, se queda con todo: lo suyo y lo público. Como primer ministro y magnate mediático controlará, no precisamente con el mando a distancia, un imperio que incluye las tres principales cadenas de televisión, un diario, la mayor editorial de Italia y una de las principales instituciones financieras. Su Gobierno ha propuesto que una autoridad integrada por tres personalidades que designarán los presidentes de la Cámara y del Senado -es decir, de su coalición- se encargue de alertar al Parlamento si se presenta algún conflicto de intereses.

Berlusconi es una de las mayores anomalías en las democracias de la UE. Pero suma y sigue. Dada su holgada mayoría parlamentaria, ha hecho aprobar otras dos leyes en la Cámara que le protegen en sus problemas con la justicia. Una limita el alcance de las comisiones rogatorias judiciales con Suiza y la otra vacía de alcance el delito de falsificación contable en las empresas.

La oposición protesta, pero poco puede hacer, salvo quizá intentar convocar un referéndum para revocar estas leyes. En cuanto a los socios de la UE, no parecen importarles estas aberraciones, salvo al Reino Unido. Quizá empiecen ahora a prestarle más atención. Italia está frenando los progresos en la cooperación transfronteriza para la lucha conjunta contra el terrorismo y otras formas de crimen organizado. Berlusconi ha socavado los esfuerzos de la diplomacia europea tras el 11 de septiembre en el mundo islámico con sus opiniones de que la civilización occidental y cristiana es superior a la musulmana. También los musulmanes en Italia se han sentido preocupados. Pero Berlusconi se ha negado a desmentir que hubiera hecho tal afirmación en su reciente encuentro en Berlín con Schröder y Putin. El Cavaliere no ha cometido ningún desliz: sabe que hay mucha gente que piensa como él. Es un hombre peligroso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de octubre de 2001