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Educación frena la integración en colegios de los niños marroquíes acogidos en Ceuta

Las administraciones quieren evitar las protestas de los padres de alumnos españoles

El Ministerio de Educación y la Consejería de Bienestar Social de Ceuta han dado marcha atrás en la escolarización en colegios públicos de los niños marroquíes procedentes del centro de acogida (unos 40 críos de 11 a 14 años), una medida que el año pasado generó la protesta de los padres de alumnos españoles y obligó a intervenir a la policía. Para evitar nuevos incidentes y pese a que Educación mantuvo la bondad de este tipo de integración, este curso los menores marroquíes recibirán las clases de forma segregada en su propio centro de acogida. La única excepción corresponderá a otros 15 chicos de 16 y 17 años (edad en que la educación ya no es obligatoria), que irán a institutos para aprender un oficio.

El año pasado, los padres del colegio público Juan Morejón -premiado años atrás por promover la tolerancia- bloquearon durante días la puerta del centro para impedir la entrada de estos niños por considerarlos 'altamente conflictivos'. En aquella ocasión, el director provincial de Educación de Ceuta, Pedro Gordillo, respondía así a la protesta: 'Si se buscara una escuela alternativa estaríamos dando la razón a unos padres que están actuando incomprensiblemente y que llegan a afirmar que estos niños son como la peste'. La ministra de Educación, Pilar del Castillo, salió en su defensa y afirmó que si no se convencía a los padres el Ministerio buscaría 'una solución de forma inmediata'. A favor de este modelo de integración se manifestó también el Defensor del Pueblo, quien pidió a los padres que dejaran entrar a los niños marroquíes al centro.

Pero para ello tuvo que intervenir la policía. Además, tras unas tensas negociaciones se acordó que los 30 menores acudieran al centro por la tarde, cuando los alumnos hubieran acabado sus clases.

De aquél grupo, unos 15 chicos de 16 y 17 años se han matriculado este año en institutos de la ciudad para aprender algún oficio en programas de garantía social. A esta edad la educación ya no es obligatoria.

El resto, alrededor de 40 niños de entre 11 y 14 años, recibirán clases este año en el centro de acogida, para lo cual se han habilitado unos módulos y se ha contratado a tres profesores, según el consejero de Bienestar Social, Mohamed Chaib.

Las clases empezarán a primeros de octubre y se tratará de enseñar a estos chicos 'castellano, nociones de geografía y las asignaturas del currículo de primaria', para acometer con posterioridad su ingreso en centros escolares, explica el consejero. Chaib asegura además que 'han sido los propios niños los que han pedido quedarse en el centro de acogida para recibir clases'. 'A ellos les trastorna tener que ir en autobuses hasta los colegios', afirma.

Radicalmente en contra de esta 'segregación' se muestra Miguel Recio, el secretario de política educativa de CC OO, quien considera que apartar a los niños de los colegios es de 'dudosa legalidad'. Recio cree que estos chicos deben escolarizarse en los colegios, pero además considera que no hay que abusar de las aulas separadas en las escuelas porque los alumnos suelen acabar en programas de garantía social. 'Eso ya sería un fracaso', señala.

El modelo ideal, a su juicio, sería que estos niños compartieran aula con sus compañeros en asignaturas como plástica o educación física. 'Sólo deberían salir a aulas específicas para aprender aquellas asignaturas en las que necesiten compensar su déficit cultural o idiomático'. En cualquier caso, Recio opina que estas medidas de integración se deben tomar siempre tras el diagnóstico de los profesionales y 'habrán de ser siempre revisables' para ir adaptándose a los progresos de los chicos. 'Siempre se pone la excusa del idioma para separar a los alumnos, cuando lo aprenderían mejor estando con sus compañeros', zanja Recio. 'Debe procurarse la integración de los menores, vengan de donde vengan y sean como sean', añade.

En el centro de acogida de menores San Antonio, de Ceuta, hay alrededor de 100 chicos, la mayoría de nacionalidad marroquí y algunos argelinos. Unos entran, otros salen, es un colectivo muy itinerante. Los que llevan ingresados más tiempo, de forma estable, son los que se escolarizan, fuera o dentro del centro de acogida, como ocurre este año.

Ninguno de estos niños puede ser expulsados a Marruecos ya que hay una prohibición expresa de la Fiscalía de Menores desde el año 1998. Desde entonces, cuando se localizan niños en la calle se les traslada hasta este centro pero, como no tienen régimen cerrado, los chicos pueden entrar y salir con libertad. Muchos optan por pernoctar en la calle, donde la mendicidad, pequeños hurtos y la inhalación de pegamento les ayudan a sobrevivir.

La Asociación Pro Derechos de la Infancia calcula que el 90% de los niños que atraviesan la frontera de Ceuta desde Marruecos son, literalmente, expulsados de sus casas. 'Sus familias apenas pueden subsistir y echan a los niños a la calle, a ganarse la vida. A muy pocos los reclaman sus padres', explica su presidente, José Palazón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de septiembre de 2001