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Crónica:FERIA DE ALGEMESÍ | LA LIDIA

Más ruido que nueces en tarde de regalos

Cinco orejas, cinco regalos, en una novillada más ruidosa que sonora. Cinco orejas, cinco, que hinchan el resultado de un festejo medido con mucha generosidad por las peñas con la complicidad presidencial. De esa manita de trofeos réstenle tres y la cosa se ajusta más a la realidad.

De entrada, de la novillada de Yerbabuena sólo llegó al aprobado el segundo. El resto fue un lote manso, flojo y con alarmante falta de casta. Aquel que hizo segundo tuvo un defecto y una virtud: fue el de menos fuerza, pero derrochó calidad con generosidad. Esta virtud tapó tan evidente defecto.

Tres orejas cortó César Jiménez, el visitante, y dos Juan Alberto, el torero local: un dos en la quiniela. El madrileño anduvo más técnico, con más luces y con gran torería en el manso quinto que en el bueno segundo. En el que cerró plaza, su labor estuvo muy matizada técnicamente, además de presidirla el buen gusto y la torería. Antes, con el segundo tuvo solvencia lidiadora, pero dio la impresión de no acabar de redondear una faena de buen concepto, pero de menos recursos.

Yerbabuena / Alberto, Jiménez, Montes

Cinco novillos de Yerbabuena, desiguales, sin fuerzas, mansos, excepto el 2º. Juan Alberto: media trasera y desprendida (dos orejas); tres pinchazos y dos descabellos (saludos). César Jiménez: pinchazo, media y dos descabellos (oreja); media delantera y dos descabellos (dos orejas). El rejoneador Álvaro Montes: dos rejones (vuelta). Plaza de Algemesí, 28 de septiembre. 7ª corrida de feria. Lleno.

Una gran voluntad derrochó Juan Alberto ante sus dos novillos. Apoyado por sus paisanos, y gracias a los efectismos finales, remató su mejor faena en esta feria con el primer novillo. Serio y responsable ante el cuarto, en una porfía inútil, pero muy voluntariosa.

Álvaro Montes estuvo desafortunado en su segunda actuación. Fue derribado al clavar el primer rejón y se salvó milagrosamente de un serio percance. A partir de ahí se descentró. Su labor resultó muy larga y abusó de clavar excesivas banderillas. Terminó por descordar al novillo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de septiembre de 2001