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Carlos Hipólito se vuelve equino en el musical 'Historia de un caballo'

Francisco Valladares repite el papel que interpretó hace 22 años

Lo único que de equino tiene Carlos Hipólito cuando sale a escena en Historia de un caballo es una cola de crin auténtica atada a su cinturón. Ni altura, ni cuello de un metro ni pezuñas. Sin embargo, se convierte en caballo gracias 'a la ilusión y la magia' creada por el teatro gestual del que hace gala, junto a los otros 12 actores, cantantes y bailarines de la manada, en este 'musical europeo' basado en la versión de Enrique Llovet sobre un cuento del clásico ruso León Tolstói.

Esta versión de Historia de un caballo tiene más que coincidencias con la que protagonizó, hace dos décadas, José María Rodero bajo la dirección de Manuel Collado, ambos ya fallecidos. Para empezar, Francisco Valladares vuelve a interpretar el mismo papel que encarnó entonces, el del príncipe de nombre casi impronunciable, Serpujovskoi. 'Podía estar haciendo Hello Dolly con mi amiga Concha Velasco [este musical se estrena la semana que viene], pero actúo más con el corazón que con la cabeza y ésta era una ocasión de oro para rendir homenaje a José María Rodero y a Manuel Collado', dijo el actor, que colabora en la dirección y forzó la elección de Carlos Hipólito para el papel del caballo Patizanco, un purasangre que nace defectuoso y condenado por ello a la marginación. Además, Salvador Collado, actual director, es hermano de Manuel.

El compositor José Nieto, último Premio Nacional de Música, recordó el libreto original de los rusos Rozovsky y Riashentsev, cuyo concepto ha adaptado 'a lo que sería en la estética actual'. Es decir, mucha más música 'incidental', ejecutada en directo por una orquesta de cuatro teclados, dos percusionistas, un batería, dos violines, dos violas y un clarinete, 'que enfatiza la modernidad del espectáculo'. Y una canción final para Paco Valladares que habla 'de la vida pasada, de cómo uno ha invertido la vida'.

En este musical 'europeo, con una base literaria muy importante', como destacó Carlos Hipólito, los actores que hacen de caballos consiguen que el público los vea como tales gracias a la coreografía de Teresa Nieto y, sobre todo, a la labor del mismo José Piris. 'El teatro gestual es el gran desconocido', afirmó Piris, 'pero, como no somos caballos ni tenemos cuatro patas, sólo era posible reflejar el alma animal con la evocación', que reconstruye el espectador mientras ve la obra. Para ello, los actores-caballos tuvieron que 'vencer el pudor a que se ría de uno todo el mundo', como recordó Hipólito de los primeros ensayos de esta obra, que se estrenó en Santander en julio y que desde entonces ha estado de gira por España.

Junto a Valladares, otros seis actores interpretan a los personajes humanos de esta historia de 'un caballo que lucha por su idea de la libertad', como remarcó Enrique Llovet. Son Pilar Barrera, Gonzalo Benavides, Antonio Canal, Fidel Almansa, Ángel Amorós y Javier Collado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de septiembre de 2001