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CARTAS AL DIRECTOR

Por lo menos un grito

Hay más de 400 personas atrapadas y desesperadas en un barco anclado cerca de un país que los rechaza, Australia (un país de los desarrollados, uno de los 'nuestros'). Al parecer son en su mayoría refugiados afganos. Es decir: no 'simples emigrantes' huyendo de la pobreza o del hambre, personas para quienes, al parecer, se agotó ya hace tiempo el derecho a la solidaridad por parte de nosotros, los civilizados.

Los refugiados son quienes tienen que huir de sus propios países dejando casa, seres queridos, trabajo, dejándolo todo para sobrevivir a dictaduras, matanzas, violaciones tremendas de sus derechos humanos y civiles. Estas personas merecerían que se les ofreciera apoyo, proporcionándoles incondicionalmente ayuda no sólo material. Sin embargo, se les trata como delincuentes, no se les acoje, no se les ofrece ni ayuda mínima, ni solidaridad, y se quedan tirados en la cubierta de un barco. Me parece atroz. Pues ¿qué podemos hacer nosotros, simples ciudadanos, opinion pública? Yo no sé, de verdad. Pero me encantaría oírnos levantar por lo menos un grito de horror.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de septiembre de 2001