Entrevista:ZINEDINE ZIDANE | Jugador del Real Madrid | ESPECIAL LIGA 2001-2002

"Vine a España por la libertad de su fútbol"

Zinedine Zidane es el gran atractivo de la Liga que empieza. Pese a los desajustes del verano, el mejor futbolista del mundo pide paciencia

Sentado en un sillón casi en posición búdica, Zinedine Zidane (Marsella, 23 de junio de 1972) economiza energía hasta para abrir los ojos. Lo hace lentamente y descubre dos círculos oscuros alrededor de los discos dorados del iris. Mantiene la mirada, directa y profunda a los ojos del interlocutor, y apura un guiño -un modo de saludar y ahorrarse palabras-. Lleva un chándal, permanece inmóvil, y repite en italiano que es un hombre "tranquilo". Sus héroes, el ex jugador del Olímpico de Marsella, el uruguayo Enzo Francescoli, y el actor Morgan Freeman, reciben -dice- su admiración porque son tipos "tranquilos". Su padre, Smail, que emigró a Francia procedente de la Cabilia, le enseño con pocas palabras aquello que el propio Zidane explicó como "el camino de Dios". Musulmán por herencia familiar, sin embargo afirma que no es muy religioso y que cree en las "cosas simples".

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Zidane es un espíritu rebelde por despreocupado, que una vez, durante un encuentro amistoso, recibió una multa de Lippi, ex técnico del Juventus, por no obedecer a la orden de jugar "sólo media hora". Aduciendo que se "encontraba bien", permaneció en el campo todo el partido.

Zidane sueña con un paraíso familiar y pacífico pero en estos días lo persiguen los estrépitos. Desde que el Madrid le fichó del Juventus, este símbolo de la Francia mestiza se ha convertido en el jugador más caro de la historia del fútbol: 13.000 millones de pesetas. Un precio inflado, quizá porque los jugadores de su puesto, el del media punta, el clásico 10, están en peligro de extinción. Ahora debe dirigir el juego del Madrid y convertirse en figura central de la próxima Liga. Un campeonato al que llega tentado por España -el país de los antepasados de su mujer, Veronique- y porque, transcurridos cinco años en los rigores tácticos del fútbol italiano, busca terminar su carrera expresándose con mayor libertad en el campo de juego. No domina todavía el español y prefiere someterse a la entrevista en francés.

"Todo lo hago por mis padres"

"Si hay algo que me ha servido para ser quien soy a lo largo de toda mi carrera es la educación que recibí de mis padres. Es la mejor educación posible", dice Zidane. Su padre, Smail Zidane, llegó a Francia en 1953 y encontró trabajo en Saint Denis, un barrio industrial de las afueras de París. Originario de la Cabilia argelina, más tarde se instaló en Marsella. Trabajó como operario en una cadena de supermercados y se casó con Malika, una compatriota con la que tuvo cinco hijos. Al penúltimo le llamaron Zinedine Yazid.

Si las enciclopedias señalan a los cabiles como una etnia guerrera, Smail es la excepción pacífica. Lo mismo ocurre con su hijo, que a diferencia de la estrella francesa del Manchester, Eric Cantona, nunca se manifestó en términos políticos rotundos. Decía Cantona que "Francia es un país de racistas", mientras que Zidane nunca le dio trascendencia al hecho de ser hijo de la inmigración, ni concedió a su éxito más relevancia que la deportiva. En cambio, siempre se consideró deudor de la educación que recibió en su familia.

"Ellos me enseñaron tres cosas fundamentales", explica; "que para poder estar orgulloso de tí mismo y ser alguien hace falta trabajar; que es preciso actuar con seriedad y que debes respetar a los demás para recibir respeto a cambio. Trabajo, seriedad y respeto. & #8216;Si tú haces estas tres cosas podrás ser alguien en la vida& #8217;, me dijeron. Y yo me he esforzado en escuchar a mis padres porque ellos me han prestado atención. Y si hoy en día soy el que soy es gracias a ellos. La verdad, estoy orgulloso de mis padres: tuvieron cinco hijos y cada uno ha hecho algo digno. Eso es lo que me llena de orgullo, y no todo lo que me acontece. Ganar el Mundial, fichar por el Madrid, es todo muy bonito pero lo importante es el significado que esto tiene para mis padres. Lo hago por ellos. Lo importante es que la familia siga siempre ahí".

Guiño del destino: Zidane levantó la Copa del Mundo de 1998 en el Stade de France, recinto de la final, obra futurista construida en el viejo polígono de Saint Denis, en las afueras de París.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 20 de noviembre de 2001.

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