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El Mallorca abre la puerta grande

El equipo de Krauss elimina al Hajduk en la prórroga y se mete por primera vez en su historia en la Liga de Campeones

Después del desastre ante el Molde hace dos años, los rojillos se redimían de su pasado logrando por vez primera en sus 86 años de historia la clasificación para la Liga de Campeones.

Pero la película del encuentro la escribió el Mallorca con tinta, sudor y lágrimas. La ventaja de un gol que el Hajduk Split se aseguró en el conflictivo Poljud Stadium pesó como una losa en los primeros compases del encuentro sobre el conjunto dirigido por Krauss. Temerosos, atenazados, los rojillos cedieron el control y el ritmo del partido a las primeras de cambio. Con Musa, Bosnjak y Bilic liderando una tímida ofensiva, los croatas optaron por encerrarse en su área. El Mallorca no tenía prisa: confiaba en su banda izquierda, en la reaparición del espléndido Nano Soler. Ausente en la ida por lesión, el lateral se hizo el amo del campo. Dominó su banda y combinó cómo y cuando quiso con Ibagaza, pasador letal, en la jugada del primer gol. De los pies del argentino surgió el centro que Eto'o materializó. El delantero camerunés surgió de la nada para parapetarse en el centro del área y, de un limpio disparo a media altura, burlar a Pletikosa por el costado derecho. Momentos antes, los croatas habían salvado bajo los palos un cabezazo letal de Nadal y, acto seguido, Luque, solo ante el meta del Hajduk, marró una excelente ocasión.

Pero el Mallorca empató la eliminatoria y Son Moix, lleno hasta la bandera, se liberó. La grada abandonó la tensa calma dominante hasta entonces y el equipo de Krauss lo agredeció. Con los croatas atenazados, el Mallorca tomó el mando del partido y ya no lo soltó. Hasta el minuto 45. Casi camino del vestuario, Leo Franco tuvo que lucirse para atajar el disparo envenenado de Andric, en la jugada más peligrosa de los croatas en el primer acto. El intermedio adormiló al equipo de Krauss, que tardó 20 minutos en espabilarse. Eto'o tuvo entonces la sentencia en sus botas, pero Sablic salvó en última instancia a los croatas. Así, una y otra vez, se repitió una historia que desembocó en la prórroga. Los rojillos intentando acosar el área croata; el Hajduk achicando balones del modo más desesperado. Hasta 14 córneres llegaron a lanzar los jugadores de Krauss. Ninguno los crotas. Sin embargo, a cinco minutos del final los jugadores de Nenad Gracan , amenazado con perder su puesto, tuvieron de nuevo la clasificación en sus manos. La portentosa actuación de Leo Franco debió de intimidar a Bilic que, solo ante el meta argentino, falló incomprensiblemente.

Parecía inevitable. El fantasma del Molde reapareció en Mallorca. Son Moix rememoró lo ocurrido hace dos años y temió lo peor. Con el partido roto y exhaustos por el esfuerzo, Mallorca y Hajduk sólo podían sacar fuerzas de flaqueza. Y ahí los de Krauss llegaron primero. Se tomaron un pequeño respiro y, sin dejar pasar el tiempo, cuando tan sólo se habían disputado tres minutos de la prórroga, Luque aseguró la clasificación. El delantero catalán cabeceó al fondo de la red un preciso centro desde la derecha de Carlos y Son Moix explotó con el tanto que predecía su primera clasifación para la Liga de Campeones. De ahí hasta el pitido final, el encuentro se convirtió en un auténtico suplicio. A los croatas les bastaba un gol para echar por tierra la ímproba labor de los de Krauss. Y a por la remontada se lanzaron. Reapareció entonces la figura inmensa de Leo Franco. El guardameta argentino resultó decisivo para la suerte del encuentro. Su historia en el partido se cuenta a través de cuatro excelentes intervenciones, cuatro dardos croatas envenenados que llevaban camino de apartar al Mallorca del grupo de los grandes. "Luego, luego; ahora no puedo hablar", decía, emocionado, Leo Franco al término del encuentro, con la clasificación en el bolsillo y 65 millones de prima por lograrla.

Fue entonces, cuando el árbrito decretó el final, cuando Son Moix estalló literalmente. La grada se avalanzó sobre el césped para celebrar un triunfo histórico. Unos mil aficionados invadieron el campo dejando al Mallorca en una comprometida situación. No se repitieron las violentas escenas de Croacia, pero en Mallorca temen una sanción de la UEFA.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 22 de agosto de 2001