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TINTO DE VERANO | GENTE

EL YIN Y EL YANG

Los niños han llamado, que dicen que vuelven. Y, como impulsados por un resorte, nos montamos en el coche para ir al Carrefour. No quisiera presumir, pero creo que somos, en general, buenos padres; sin embargo, confieso que cuando estamos solos vamos al Rincón del Gourmet, a la cafetería Mallorca a comprar delicatessen, y, cuando están los niños, todo lo compramos sucedáneo, no cosas malas malas, pero sí de peor calidad. A ellos no les importa porque no tienen paladar, y, oye, se crían estupendamente, guapos y bastante altos. Es más, hay veces que la gente por la calle nos pregunta si son adoptados porque no pueden creer que sean nuestros. Pienso que todas estas cosas sucedáneas, bollos industriales, pizzas y pechugas Villaroy, hechas en serie, deben tener la tira de hormonas, porque yo a estos chicos los veo, y no es por criticar, un poco hormonados. Cada vez que vuelven de un viaje tenemos que mirar más para arriba. Eso me hace una gran defensora de la alimentación basura porque, concretamente con nuestros niños, nos ha dado muy buen resultado. Y, sin embargo, mi santo y yo, que no comemos más que comida orgánica y soja y solomillo y berros, estamos encanijados.

De camino al Carrefour, mi santo y yo manteníamos una conversación cultural. Yo le decía que antes, en agosto, en los periódicos sólo se quedaban los pringadillos, pero que en la actualidad, y no lo digo por mí, cariño, le decía, escriben las grandes firmas (no sé por qué, pero cuando digo grandes firmas sólo se me ocurren Armani, Kenzo, Loewe...), y en la radio, igual, ya no es la cosa del segundón que hace una faena de aliño, no. Yo diría que hasta sube el nivel, fíjate. Mi santo no me dijo ni que sí ni que no. Se hizo el enigmático. Puse la radio y escuchamos un reportaje bastante profundo sobre un tema candente: 'Tintes, marcados y cortes del vello púbico'. Es un tema que a mí, en los últimos tiempos, me ha interesado porque en las duchas del gimnasio se ven cosas que me han abierto un camino por explorar. Contaba la locutora que hoy en día te pueden hacer de todo, desde teñírtelo de rosa, por poner un color femenino, o de rojo, más de putorcio, para entendernos. Por hacerte te pueden hacer desde el clásico corazón al escudo del Real Madrid, pasando por la ikurriña (no sé si a las vascas el PNV les subvencionaría esta iniciativa) o las siglas del PP. Total, que iban a dar los teléfonos del centro de belleza púbica. Fue verme mi santo coger un boli de la guantera, y apagarme la radio. Es que dice que a mí todas esas cosas me alteran. Que debo pensar que soy escritora y madre, que una madre no puede ir al Carrefour a por la comida de los niños y llevar en dicho sitio el escudo del Real Madrid. 'No, si yo había pensado en el signo del yin y el yang, creo que puede dar buen rollo, para tener un encuentro místico...', dije mirando al suelo. 'El yin y el yang -dijo mientras aparcaba-, cómo tienen las personas las cabezas... Ten en cuenta una cosa, cariño, yo estoy entrando en una edad que me hace propenso al infarto, así que haz lo posible para que no me lleve sobresaltos'. Y yo pensé para mí: eres tonta, no tenías que habérselo dicho, a los hombres hay que darles las cosas hechas... Cuando bajé del coche, ya se me había dibujado una sonrisa en los labios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de agosto de 2001