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Reportaje:CULTURA Y ESPECTÁCULOS

LOS PRODIGIOSOS SECRETOS DE LA RUMBA CONGOLEÑA

Ricardo Lemvo desarrolla en California una irresistible fusión entre los ritmos de Cuba y su Congo natal en la que algunos ven el futuro de la salsa.

Durante los veranos llegan a nuestros escenarios los principales representantes de lo que se ha dado en llamar 'músicas del mundo'. Lo que hace Lemvo (Kinshasa, 1957) es perfectamente accesible: música latina con sabor africano, a veces cantada en un castellano curioso pero perfectamente inteligible. Como ocurre con algunos palos del flamenco, la suya es una historia de ida y vuelta que refleja el retorno de la música afroamericana a su lugar de origen, donde toma formas insólitas.

Lemvo recorre el mundo con una banda muy internacional, Makina Loca, donde hay instrumentistas con sangre congoleña, guatemalteca, cubana, mexicana, rusa. 'Yo vengo de Los Ángeles, donde conviven todas las razas. Aunque no lo parezca, es una ciudad donde se puede bailar salsa todas las noches en clubes como Luna Park, El Floridita o el Conga Room, que es mi favorito'.

Así que Los Ángeles es la perfecta base de operaciones para un congoleño envenenado por la música cubana y con una trayectoria vital nada convencional: 'Cuando era un niño, en Kinshasa gustaban mucho los ritmos cubanos. Escuchando los discos de un primo y lo que salía de las tabernas, me aprendí fonéticamente las letras del Trío Matamoros, la Orquesta Aragón, Beny Moré, todo eso. Descubrí que aquella música también era África, que estaba dentro de mí. Puede parecer arrogante que quisiera hacer algo que ya hacían muchos emigrantes del Caribe, pero desarrollé una fusión añadiendo elementos del soukous y la rumba congoleña, que es el son montuno africanizado, con una guitarra reemplazando al piano. Me costó encontrar los músicos adecuados, pero cuando conocí al pianista cubano Niño Jesús Pérez empecé a materializar mi sonido. Faltaban instrumentistas congoleños, pero pronto aparecieron'.

Ah, la diáspora de la música del Congo. 'Ésa sí que es una tragedia. El Congo tuvo la escena musical más potente del continente, irradiaba a toda África, pero eso se acabó. A Mobutu le debemos algunas iniciativas inteligentes, como la política de la 'autenticidad', que rescató las tradiciones, pero finalmente arruinó al país. Había un par de buenos estudios, pero se han deteriorado y todo se graba en Francia o Bélgica. Los que siguen allí se han empobrecido tanto que deben alquilar instrumentos y equipos. Hay incluso cantantes que actúan en plan karaoke, imagina la vergüenza. Yo mismo nunca he podido cantar en Congo'.

Lemvo fue el primer artista fichado por Putumayo, sello estadounidense que difundió los encantos de la world music mediante recopilaciones. 'En Putumayo he editado Mambo yo yo y Sao Salvador pero ahora estoy buscando nueva compañia. El inconveniente es que estamos alejados de nuestro público natural. Yo me salto todas las reglas: compongo en lingala, kikongo, español y hasta portugués, tengo abuelos angoleños. Pero hoy un artista puede trabajar con un público global que ya no se asusta de las mezclas. Por muchos Enrique Iglesias y Ricky Martin que nos quieran vender, siempre tendremos cosas que ellos ignoran: la capacidad para improvisar y la voluntad de contar historias'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de agosto de 2001