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CULTURA Y ESPECTÁCULOS

Javier Rebollo presenta una comedia negra con 'psicópatas autóctonos'

Javier Rebollo, cineasta, y María Eugenia Salaverri, guionista, leyeron hace un par de años en la prensa la historia de dos hermanas que habían planeado asesinar a sus maridos y casi lo consiguen. En realidad, a uno de ellos lograron liquidarlo, y las mujeres acabaron en la cárcel. Este suceso les inspiró y se animaron a llevar al cine tan sangriento material. La película, titulada Marujas asesinas, se estrena este viernes con Neus Asensi, Antonio Resines, Nathalie Seseña, Pere Ponce y Karra Elejalde en los principales papeles. Contó ayer en Barcelona Rebollo -que presentó la cinta junto a parte del elenco- que se planteó el filme como 'un thriller autóctono, con psicópatas de los de aquí'. 'Estamos acostumbrados a los psicópatas americanos, y queríamos disponer de los nuestros propios: personajes aparentemente normales que nos podemos encontrar en cualquier ciudad española, cruzarnos con ellos en la calle, trabajar a su lado o incluso tenerlos en casa', especificó.

La maruja asesina que da título a la cinta es Azucena, a la que encarna la actriz Neus Asensi, una pescadera casada por interés con un fanfarrón titular de una suculenta cuenta bancaria, Felipe (Antonio Resines), pero locamente enamorada de Pablo (el televisivo Carlos Lozano), un musculitos empleado de su esposo y vecino de ambos, con el que se acuesta. Cuando éste la abandona, a Azucena se le hunde el mundo. Decide entonces matar a su marido, al que considera su gran obstáculo para conseguir el amor de Pablo. Pide ayuda a su primo Quique (Pere Ponce) y a su hermana Isabel (Nathalie Seseña), y encargan la ejecución del crimen a Lalo (Karra Elejalde), un deficiente psíquico que trabaja como chico de los recados en el mercado, adicto al sexo y al jamón. Ante la evidencia de que ni viuda puede retener a su amante, se propone eliminar a todo el que cree que se interpone en la relación, y así se convierte en una asesina compulsiva.

El director insistió en que, pese al tono 'de humor ácido, irónico y muy negro' del filme, el asunto es del todo real, y también lo son tan perversos personajes. 'Están basados en gente que conocemos o de la que nos han contado', aseguró.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de agosto de 2001