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COLUMNA

Euros

Lo que se ve en la exposición del Museo Arqueológico titulada Dinero exótico no es tan exótico. Se parece más al euro que a la peseta o al franco. Es el dinero de antes de que la humanidad se complicara la vida creando Estados que acuñan moneda. La muestra es un buen alegato a favor del euro y de cualquier moneda que quiera ser universal.

Hace unos años, cuando se empezó a hablar de crear una moneda única para la Comunidad Europea, se argumentaba que un ciudadano que saliera con dinero de su país y cambiara en los doce países que entonces formaban la CEE volvería a casa sin dinero. Se lo gastaría todo en los cambios. Éste era uno de los aspectos de lo que se llamó 'el coste de la no Europa'.

Según se ve en esta exposición, los griegos y los romanos utilizaban el ganado como dinero. Pagaban con una vaca o una oveja y la palabra pecuniario viene de pecus, que quiere decir ganado. También pagaban con sal y de ahí deriva salario. En América se utilizó el cacao y también el tabaco. Hasta el siglo XVII en Paraguay y hasta el XVIII en Virginia se hacían en tabaco las transacciones.

Se usaron muchas otras cosas como dinero en grandes territorios: calderos y objetos de metal, hachas-lingote, moneda-azada, moneda-cuchillo, moneda-pez, dinero-campana, dinero-bala o dinero-cañón. El dinero de más aceptación fue el representado por la conchas marinas del género cypraea, que tomó en China el nombre de caurí y se usó en otros muchos países. Hacia el siglo VII antes de Cristo se empezó a acuñar, lo mismo en China que en el Mediterráneo, una imitación de esta concha en metal que llevaba la estampilla del Estado.

Como se ve, en lo que al dinero se refiere, es mejor retroceder que avanzar. El euro es un paso atrás verdaderamente revolucionario, mientras lo exótico es el marco, la corona, el escudo, la libra, la peseta. Si se consiguiera crear una moneda para todo el mundo nos ahorraríamos un dineral, quiero decir que nos ahorraría muchas vacas, muchas ovejas, muchos sacos de sal, mucho cacao... y una barbaridad de conchas marinas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de agosto de 2001