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OPINIÓN DEL LECTOR

Pistas en el Retiro

Como paseante habitual del Retiro, me sorprende gratamente la propuesta del Festival Titirilandia del juego de pistas para descubrir diversos lugares del parque.

Propongo a la organización varias pistas: lugar donde se trafica con hachís (eje estatuas Alfonso XII-Martínez Campos), sitio donde se trafica con otras drogas (tras el paseo lateral del estanque), zona totalmente arrasada por la movida dominguera (Chopera), área de trabajo de chaperos (cercanías del Ángel Caído), territorio ensordecedor a causa de tambores y bongós (Palacio de Cristal hacia Rosaleda), terreno para cacas y orines de perros (proximidades de Mariano de Cavia).

Así, los niños, de paso que buscan los escenarios de representación de títeres, pueden conocer la realidad de lo que teóricamente es un parque dedicado a ellos y a los que pretendemos disfrutarlo tranquilamente y sin sobresaltos.- J. Miguel Sabino Peruyera. Madrid.

Lecciones de civismo

Madrid, 31 de julio de 2001. 21.36. Estación de metro de Ciudad Lineal. Siglo XXI. Como cada mes, muchos madrileños esperamos al último día para adquirir el abono mensual de transportes, lo que genera algunas colas ante las taquillas del metro.

Delante de mi compañera y de mí, un ciudadano suramericano (no puedo precisar su nacionalidad) se dispone a adquirir el suyo. Cuando se dispone a pagar, lo hace en monedas debidamente empaquetadas y el trabajador de la taquilla accede a cobrarle de mala gana, alegando la cola generada. Al finalizar el sin duda arduo recuento, el empleado del metro espeta al ciudadano suramericano en tono amenazante que la próxima vez no admitirá esa forma de pago, y es más, lo echará a la calle. Mi compañera y yo le recriminamos su actitud, lo que parece ofenderle. Me pregunto si esta actitud xenófoba y despectiva es generalizada entre los ciudadanos de Madrid. Si este trabajador del metro fuese preguntado por la calle acerca del racismo, probablemente declararía: 'Yo no soy racista, pero...'. Pura hipocresía.

Esta ciudad aspira a convertirse en olímpica y así albergar a millones de extranjeros, eso sí, con dinero que gastar. ¿Hay acaso dos clases de inmigrantes, los que tienen dinero y los que no lo tienen, y no sólo personas? Aún nos quedan muchas lecciones de civismo que aprender.- Antonio Piña Escudero. Coslada, Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de agosto de 2001