'Para el pueblo, soy la esperanza'

Colombia y México disputan hoy (TVE-1, 23.30) el título de campeones de la Copa América 2001. Se trata de una final inédita y para el ganador supondrá estrenar palmarés. Colombia es la anfitriona y espera con ansiedad que su selección se alce con el trofeo. Al frente del equipo colombiano, como seleccionador, se encuentra un técnico, Francisco Maturana, que en su trayectoria contabiliza su paso por equipos españoles, Valladolid y Atlético de Madrid.Colombia vuelve a vibrar con el fútbol, con su selección. Y una vez más, detrás de tanta alegría aparece el mismo nombre: Francisco Maturana, de 52 años. Dos meses lleva tratando de reinventar 'su' selección. Y a lo que se ve va por el buen camino. El primer gran título colombiano, la Copa América, puede llegar esta noche.

'Si se aprovecha, éste puede ser un momento social muy importante para intentar cambiar Colombia'
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Pregunta. ¿Colombia volverá a ser la suya, la de Valderrama?

Respuesta. Valderrama tuvo su época y pasó. Ahora buscamos una nueva época. Se ha rescatado la ilusión de la gente, se ha formado un grupo y, ahora estamos construyendo un equipo. Y se han dado pistas que permiten soñar que podemos lograr un equipo que se identifique con nuestro sentimiento.

P. Se ha empeñado en que Giovanny sea el nuevo Valderrama.

R. Es el candidato. El fútbol debe estar apoyado por una estructura colectiva, pero se define en los últimos 25 metros. Y ahí es importante Giovanny. Si asume ese rol con toda capacidad y fantasía, será durante muchos años la pieza más lujosa del equipo.

P. La crítica y la afición le perdió la fe hace tiempo al chico. Pero usted insistió testarudo.

R. Colombia es un país dado a perder la fe, siempre mira lo negativo. Si no hubiera sido testarudo, Valderrama no habría existido. Me parece como que estoy repitiendo la historia. En el 89, mucha gente me tildaba de testarudo porque mantenía al Pibe contra viento y marea. Yo sabía que tenía talento. Y le aguanté. A Giovanny le estoy aguantando no porque sea familia mía, o por capricho, sino porque siento que tiene mucho fútbol.

P. Y el de Aristizábal, otro criticado que a golpe de goles le da a usted la razón.

R. Es un jugador muy resistido, que no ha llegado al corazón de la gente, pero allá donde ha ido ha estado emparentado con el gol. Pero sí, acá le quieren minimizar.

P. ¿Colombia perdió alguna vez la fe en Maturana?

R. No creo. Yo estoy aquí precisamente por un acto de fe de ellos y un ejercicio de gratitud elemental por parte mía. En cuanto Colombia dejó de encontrar resultados y fútbol, acudieron a mí. Puede que no tuvieran fe, pero se dejaron llevar por los recuerdos y me comprometieron. No tenía alternativa. He comprobado que para el pueblo, Maturana es la esperanza.

P. Segundas partes nunca fueron buenas.

R. Ya, y para mí es la tercera parte. Nunca me echaron de Colombia, me marché porque entendí concluido un ciclo y por una atracción de afuera a la que es imposible decir que no. Ahora vuelvo con el objetivo ineludible de que la gente vuelva a entender la selección como un punto de encuentro y de fiesta. Eso es vital en este momento tan importante que está viviendo socialmente el país.

P. ¿Admite que esta Copa América es más un acontecimiento social que un torneo de fútbol?

R. Se politizó un poquito. Los políticos le contaron al pueblo la mentira de que la Copa era nuestra, cuando nuestra era sólo la organización. Cuando se perdía la Copa, Colombia reaccionó. Se sintió despojada, maltratada, estigmatizada. Quitaban la Copa porque éramos malos, y resulta que no todos lo somos. Entonces vino el compromiso de mostrar lo mejor del país, más allá del fútbol. Pero luego, a medida que la selección fue ganando y creciendo, todo el país se fue metiendo. Y al compromiso patria unió el compromiso fútbol. Hay un afán increíble, una desesperación por mostrar todas las cosas buenas que tenemos. La Copa América ha cambiado muchas cosas: la autoridad está ejerciendo ahora, ha demostrado que puede. Pero esto tiene que seguir. No podemos estar esperando que sólo vamos a estar felices y tranquilos en la Copa América. La autoridad ha demostrado que puede. Y el país le va a pedir que siga ejerciendo.

P. ¿El fútbol ha demostrado que Colombia puede estar unida?

R. Eso es. Si el fútbol lo hizo, entonces pongámonos la mano en el pecho, y vamos a hacerlo. No sólamente es unirnos para que no se nos lleven la Copa, unámonos para que estos guerrilleros no jodan más. Ahora se le puede pedir al país, que demostró que hay algo que le puede unir.Pero si te une el fútbol y la fiesta, te puede unir la desgracia. Hermanos, vamos a unirnos y a ver qué pasa con esta gente. O con esta gente, o con los que dirigen el país.

P. ¿Tiene fe realmente en que la paz y la fiesta de la Copa América tenga su continuidad el lunes?

R. Colombia no se ha acabado, tiene gente optimista. Yo creo que esto va a seguir. Uno vive de miedos, claro, pero también de sueños. Pienso que en dos meses esto cambia. Luego, dos meses, y no pasa nada. Pero sigo diciéndome, en dos meses cambia. Eso es lo que le hace vivir a uno. La utopía te ayuda. Si no tuviéramos la fe y la esperanza en un mejor, estábamos listos.

P. ¿Usted, una celebridad en Colombia, siente el miedo cerca?

R. Yo no vivo con mucho miedo. Lo vivo por mi familia. Yo he tenido una vida muy transparente, no he jodido a nadie. Si me toca morir, me muero y no pasa nada. Mi reclamo es la familia, que aún no ha crecido. Y sí me gustaría estar cerquita de ellos para ayudarles a pasar la angustia.

P. ¿Colombia ha caído en la resignación?

R. Sí, bueno no sé. No están entregados, insisten en que los malos no van a ganar. La gente ha aprendido a resistir, pero necesita una señal para convertir esa resistencia en una acción. Pero no valen pañuelos blancos, ni manifestaciones, ni tocar las campanas en las ciudades. Para qué.

P. ¿La señal puede ser el título de la Copa América?

R. Sí, siento eso. El título, el título. Si hay gente inteligente que quiere hacer algo por el país, a partir del título puede nacer un compromiso para otras cosas. Si se aprovecha bien, éste puede ser un momento social importantísimo para intentar cambiar Colombia.

P. Poderoso fútbol. Usted deposita en él sus utopías. Otros, como Brasil, entran por él en la desesperación.

R. Sí, a los brasileños les duele su selección. Yo en Brasil lo que veo es confusión. No encuentra a su equipo. Hacen cambios y cambios de jugadores, pero todos tienen en común la desorientación. No aparece el jugador, le pesa la responsabilidad. Brasil está en un momento muy difícil. Y esta Copa América le va a crear más dudas. Y en 15 días, Paraguay, con la clasificación para el Mundial en juego.

P. ¿Se imagina realmente un Mundial sin Brasil?

R. Uno no lo concibe, como que no se lo cree. La historia ha labrado a Brasil, y en el fondo todos tenemos un brasileñito dentro. Pero Brasil tiene que hacer algo de fútbol por ayudar a la historia. Y está haciendo poco.

P. ¿Qué futbolistas le han gustado en esta Copa América?

R. De Honduras, Caballero, que juega de libre y es el más creador de su selección, y Guevara. La presencia de Wanchope, uno de esos jugadores que aglutinan gustos. Giovanny Hernández, alguien que tiene ideas. Denilson tuvo chispazos, aunque muy lejos del que uno conoce. Me gustó Del Solar, por su jerarquía pese a sus años. Y por lo demás, poco. Bueno, Córdoba, el portero de Colombia.

P. ¿Hacia dónde va el fútbol?

R. Hacia el negocio. Es más el ruido que el contenido futbolístico. Con un problema. Europa no deja terminar de crecer a los jugadores. Deja sólo en gran jugador lo que pudo ser una gran figura.Antes había mejores jugadores. Tenían un proceso natural de crecimiento. Ahora es muy artificial, crecen a empujones y titulares.

P. ¿Qué futbolistas rescata?

R. A Zidane, Raúl. Me gusta Verón, Crespo, el portero de Colombia, para ponerlo en mi salón. Pero hace rato que estoy buscando un central, un Baresi, un Passarella, y me angustio. No lo veo. Los nuestros, Córdoba y Yepes, son muy buenos jugadores pero para la época. De los de antes, no veo. Porque yo, aparte de efectividad, busco en el puesto un contenido estético, un liderazgo, una capacidad de anticipar. Baresi se reía de la vida, el delantero nunca sabía que hacer.

P. ¿A usted, el paso de los años le ha hecho más flexible o sigue tan fanático de sus ideas?

R. La manera de interpretar el fútbol no cambia. La estructura de grupo, y de mente colectiva, es lo determinante. Tampoco negocio el dispositivo zonal. Pero sí soy un poco más elástico a la hora de la rigidez de un sistema defensivo. Puedo ir variando. En la distribución, que no es trascendental, soy más flexible. Pero en las ideas del fútbol, en lo que depende de la sensibilidad, no cambio.

P. Valladolid, Atlético, Costa Rica, Perú...; ¿Satisfecho con sus experiencias fuera de Colombia?

R. Sí, tengo que ser agradecido con mi historia, porque me ha fortalecido. He aprendido a punta de golpes: ahora sé que la virtud más importante es saber elegir. Ahora valoraré muchas cosas a la hora de dar el paso. Yo no he ido a nada fácil. Cuando fui al Valladolid, ni existía. El Atlético de Madrid tampoco lo puedo considerar un estigma. En Costa Rica estaba bien, pero no me podían pagar y me fui. Lo de Perú sí fue malo, porque las expectativas generadas a mi alrededor me pasaron factura. Uno llega y se creen que llegó el salvador. Y se olvidan de su realidad. Todas esas experiencias me han hecho más fuerte, más frío, más calculador.

P. ¿Volverá al fútbol español?

R. Nunca se sabe, pero me agradaría. Sí querría tener una tercera oportunidad. La vida son oportunidades.

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