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VISTO / OÍDO

Los acosos

Mobbing es el movimiento y el griterío de alarma de un grupo de animales acosado ante la presencia de un predador: en inglés sirve para denunciar 'el conjunto de quejas y reproches que expresan quienes se sienten víctimas de unos predadores, tanto jefes como compañeros', en el lugar de trabajo o de estudio (José María Prieto, catedrático en la Complutense). Y es el título de un libro de Iñaki Piñuel y Zabala (Sal Terrae, Santander, 2001) que airea en su portada una cita de este periódico (4 de junio): 'Más de millón y medio de españoles son víctimas de acoso moral en el trabajo'. Hace más de treinta años que escribo contra esas actitudes y aplico el nombre del 'fascismo de empresa', o el de familia, o el sexual. No sé qué más le da a la persona que el régimen de su país se haga democrático si en su casa o en su empresa, en su colegio o en su equipo, predomina una forma de fascismo por el duro, burlón o feroz hostigador, que puede ser padre o hijo, hombre o mujer.

No me he referido nunca a la empresa en sí, aunque su tipo de absolutismo vaya en crecimiento mientras la fuerza del trabajo pierde valor. Un organigrama es una pirámide de mandos, por mucho que lo disfracen los diseñadores. Me refiero a algunos mandos menores, a algunos compañeros especialmente sardónicos, molestos, a los que otros ríen mientras aplastan a sus víctimas con sus bromas. 'El jefe es muy bueno', dicen al que llega: podía ser muy malo. Como se advierte de un catedrático, de un profesor. De un compañero soldado. 'Ten cuidado con ése', se advierte del hostigador. Llamémosle acoso. Sexual, paternal, filial; de aula, de sala de trabajo. Puede -recoge este libro- crear un bajo rendimiento en el trabajo que termina por el despido; una timidez sexual en las muchachas; puede agrandarse hasta convertirse en un miedo general.

El profesor Piñuel escribe un libro de los que ahora se llaman 'autoayuda'; supongo que puede resultar eficaz, aunque el problema es de siglos atrás. El hostigador es un personaje clásico, hombre o mujer: me parece entender de lo que leo que una de las maneras de dominarse es plantarse ante él desde el principio y no tolerarle. Puede ser convertirse uno mismo en hostigador, lo cual no resolvería la situación, sino que la cambiaría de términos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de julio de 2001