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ENTREVISTA

"La credibilidad se gana cada día y se pierde en un minuto"

La sucesión de Juan Antonio Samaranch se decide entre cinco aspirantes mañana en Moscú, el mismo escenario en que fue elegido hace 21 años. La carrera parece reducida a tres candidatos, con el húngaro Pal Schmitt y la estadounidense Anita DeFrantz de meros comparsas. Incluso el belga Jacques Rogge, el último escogido por Samaranch para gestionar las cuestiones importantes, es el primer favorito, pero sin descartar al canadiense Richard Pound, más experto, pero también más conflictivo, y, sobre todo, al poderoso e influyente surcoreano Un Yong Kim, una auténtica amenaza de involución olímpica, pero al que no ha favorecido el triunfo de Pekín, pues sería demasiado poder asiático.

Jacques Rogge, el delfín de Samaranch, se perfila como el gran favorito. Con él, curiosamente, no se perdería del todo la estela española. Rogge veranea desde hace casi 50 años en Cadaqués (Girona).

Pregunta. ¿Es el candidato de Samaranch?

Respuesta. Samaranch no tiene candidato. Los que le conocen saben que es un diplomático, una persona que ejerció la neutralidad como uno de sus poderes.

P. Pero sí es en quien más ha confiado últimamente.

R. Los otros ya tenían responsabilidades y no podían acumular más. Llegué en un momento en que necesitaba a alguien que podía trabajar y confió en mí.

P. Ha sido más médico de cabecera que cirujano.

R. Un cirujano también es un médico, pero lo mejor es prevenir los problemas, no curarlos. Ése también ha sido el secreto de Samaranch. Pero, si se necesita cortar, yo puedo cortar sin problema. He cortado muchas veces en mi vida. Pero si has preparado bien las cosas es cuando menos tienes que cortar. Y mi segunda filosofía es la unión y con ella buscar las soluciones aceptables para todos sin perder la dirección general del movimiento y sin compromisos.

P. ¿Sería continuista?

R. Sí. Hay que continuar la obra de Samaranch, una herencia que debemos defender, mejorar, si es posible, y también innovar en muchos aspectos para adaptarla a la evolución de la sociedad.

P. ¿En qué haría hincapié?

R. El COI es una organización que funciona muy bien. Sabemos cómo organizar los Juegos, detectar los atletas y obtener dinero para invertir. Todo eso, claro, tendremos que defenderlo, pero me parece que lo más importante será trabajar y luchar para mejorar la credibilidad del deporte. El problema del futuro son los valores, que corren mucho peligro con el dopaje, la violencia, la corrupción... Hay también algunos brotes de racismo que aumentan en Europa. Contra eso tenemos que luchar, y es fundamental porque, si el deporte pierde su credibilidad, no es que se vaya a morir, pero sí va a perder su atracción. Será fuerte si la gente cree en él. Si hay demasiado dopaje, violencia y corrupción, si se da demasiada importancia al dinero, si se pierde el espíritu, entonces no tendremos en el futuro más apoyo de la sociedad.

P. ¿Y no es difícil conseguir el equilibrio entre esos valores, ese espíritu y el gran espectáculo con millones de dólares en juego?

R. No, no es difícil. No hay dualidad. Necesitamos dinero para el deporte, para mejorarlo e invertir en él. Hay demasiada gente que dice que por culpa de los derechos de televisión, del marketing, el deporte está enfermo. No. Los millones de dólares permiten su universalidad y la democratización. Nos permiten organizar los Juegos, apoyar a los países en desarrollo y reducir en lo posible las diferencias entre los del Norte y los del Sur. Antes sólo podían participar ricos, naciones y atletas, porque existía la hipocresía del amateurismo. Hace 30 años, en los Juegos de Múnich 72, solamente estaban el 70%. Ahora vienen todos con muy poco, porque les pagamos todo. Hay mucha más universalidad y democratización en el deporte. Pero el dinero, siendo importante, no puede dar las órdenes, ésas las damos nosotros. No puede influir en las decisiones deportivas.

P. ¿Cree que está solucionado el problema de la corrupción?

R. La corrupción es una enfermedad de la naturaleza humana, pero hemos hecho un buen trabajo en el COI contra ella, aunque se debe hacer siempre más. La credibilidad de una persona o de una generación se gana cada día, pero se puede perder en un minuto. Y nosotros debemos trabajar cada día más para protegerla.

P. ¿Cuándo decidió aspirar?

R. Después de los Juegos de Sydney. Tenía la responsabilidad de la coordinación, fue un éxito y muchos miembros me apoyaron. 'Tú tienes que presentarte', me dijeron. Y, bueno, yo tengo un sueño para el deporte, una visión y, si lo tienes, el mejor sitio para realizarlo es en el cargo de presidente, claro.

P. ¿El hecho de que haya mayoría de miembros europeos en el COI le puede facilitar la victoria?

R. Nunca es fácil. No lo será; al contrario. No será una elección con grandes diferencias, una competición hasta el último momento, porque los cinco o, al menos, los otros cuatro aspirantes tienen capacidad para ser buenos presidentes y les tengo mucho respeto a todos.

P. Cada uno parece ofrecer unas capacidades específicas...

R. Los cinco tienen experiencia, y claro que se necesita, pero lo importante es que el poder sólo existe en los ojos de la gente que te mira. El poder que tú tienes es el que te dan los otros. No hay poder institucional que se pueda imponer. Todos los pogramas son muy cercanos. Los cinco hemos trabajado con Samaranch y somos responsables también de lo que es hoy el COI, de las cosas buenas y de las malas. Claro que tendremos cambios en el futuro, pero me parece que lo que va a marcar la diferencia en la votación va a ser la confianza de los miembros en la capacidad de una persona en dar las directrices y en trabajar con ellos.

P. ¿Por qué Cadaqués?

R. Porque mi padre tenía allí una casa, que es mía hoy, a la que fui por primera vez en 1952, y desde entonces he pasado siempre en ella mis vacaciones. Cadaqués es parte de mi corazón.

P. ¿Y el rugby?

R. Es mi pasión, mi afición, mucho más que la vela. Para mí es el deporte número uno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de julio de 2001