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Crónica:TOUR 2001 | Cuarta etapa

El Euskaltel, en Babia

Tic, tac; tic, tac. El cronómetro de la meta contaba los segundos. Uno tras otro, inexorablemente. Ya habían llegado casi cien corredores. El autobús del ONCE-Eroski estaba cerrando las puertas. Había recogido a sus nueve corredores hace tiempo. El del Euskaltel estaba casi vacío. Sólo Chaurreau entró en el grupo de cabeza. Los demás no habían llegado. Los ayudantes del equipo esperaban y desesperaban en la llegada. No comprendían cómo el equipo entero pudo despistarse. Y no una vez, sino dos. Primero en la arrancada del ONCE para capturar al grupo de escapados con Julich. 'Ahí se ha roto todo', confesaba después Haimar Zubeldia. Pero hubo una segunda vez, porque también se quedaron cortados del grupo de persecución. 'El aire', explicaba, lacónico, Etxebarria.

Los minutos cayeron en Verdún. Uno, dos, tres, cuatro... hasta 18. Para ser exactos, 18.08. De un plumazo, entre los ocho corredores, perdieron un total de 140 minutos en una etapa llana. Y todavía no se ha cumplido la primera semana. Queda la contrarreloj por equipos, otra jornada para que sufra el grupo de Julián Gorospe. El Euskaltel ya es el penúltimo en la general. Sólo el Cofidis, que sufrió un despiste similar, tiene el deshonor de salir en primer lugar hoy en la crono por ser el peor equipo de los primeros cinco días.

Pero, al menos en apariencia, no cunde el desánimo. Zubeldia y Laiseka, los encargados de luchar por la general individual, quedaron descartados. Sólo les queda dejarse ver en los Alpes y los Pirineos, y Chaurreau. Sin embargo, nadie parecía afectado en la meta. 'No es un palo, ni mucho menos', contestaba Etxebarria. 'Da igual perder diez que veinte minutos'. Zubeldia lo ratificaba, aunque menos convencido y más dolido: 'Dieciocho minutos es mucho tiempo porque yo calculaba perder diez en la primera semana. Pero todos los días se aprende algo'.

El Euskaltel, sin embargo, no asimila los golpes del llano. No es la primera vez que le ocurre. El año pasado, por las carreteras de Albacete, en plena Vuelta a España, se trabó en los abanicos dibujados por el ONCE. Otra vez perdió minutos preciosos. Entonces, Zubeldia pudo remontar (acabó en décima posición). El Tour no es tan benévolo. Castiga con dureza a quienes no piensan en la carrera, a quienes se despistan y no están alerta. El Tour es cruel con quien está en Babia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de julio de 2001