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Teatro clásico para todos los públicos

Las citas de Almagro, Mérida y Sagunto llenan los meses de julio y de agosto con unos festivales que intentan crear más afición teatral

En un país que se suele llenar la boca con su admiración por los clásicos, resulta inaudito que la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) se creara hace apenas 15 años. Sobre todo, si se compara con sus homólogas europeas que funcionan desde hace mucho tiempo -a veces siglos-, ya sea la Royal Shakespeare británica, el Dramaten sueco o la Comèdie francesa. Pero intentó cubrirse esta imperdonable laguna, no sólo con la creación de la CNTC, sino con la puesta en marcha o la potenciación de festivales de verano, como Almagro, Mérida o Sagunto, dedicados al teatro clásico, tanto español como universal. Sus responsables no tienen ninguna duda de que estas citas culturales han contribuido de forma decisiva a mantener y fomentar la afición teatral. Pero los festivales también están envueltos en una cierta paradoja, en una disyuntiva entre su carácter de islas de estío y su voluntad de actuar como revulsivo del interés por el teatro en un país donde el 70% de la población nunca acude a una sala, según datos del Ministerio de Educación y Cultura y de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE).

Director del Festival de Almagro a principios de los años ochenta, catedrático de Teatro en la Universidad de Murcia e historiador de las artes escénicas, César Oliva comenta: 'Desde la media distancia, veo que los festivales están limitados por una breve temporada en julio y agosto, pero también sirven como efecto multiplicador, como escaparate de espectáculos y de compañías. Los grupos teatrales se vuelven locos por estrenar en Almagro. Se ha consolidado ya un tipo de público interesado por Calderón de la Barca, Lope de Vega o Molière y la prueba es que las entradas para algunos montajes de Almagro o Mérida se agotan con mucha antelación. Ahora bien, yo reprocharía una tendencia a jugar sobre seguro buscando un criterio de aceptación del público. Los festivales inventan poco y consideran que si únicamente llenan la mitad del aforo, ya hablamos de fracaso. De cualquier modo, la ausencia de riesgo es un rasgo común también en el teatro español contemporáneo. Pero no pasaría nada si surgiera un montaje que pusiera el Don Juan boca abajo. Si nos equivocamos, no pasa nada'.

Calidad y público De cualquier forma, lo que buscan en Almagro, que ha llegado a su 24ª edición, o en Mérida, que ya alcanza la 47ª, pasa por una combinación entre calidad y comercialidad, entre prestigio y ampliación de los aficionados. 'Un objetivo básico de Almagro', señala su director, Luciano García Lorenzo, 'apunta también a los estrenos, a convertir el festival en la primera pasarela para mostrar espectáculos que después, en muchas ocasiones, recorren España con giras'.

Más de una veintena de montajes, muchos de ellos estrenos, saldrán a escena en Almagro entre el 5 y el 29 de julio, amén de exposiciones, teatro infantil y de calle que convierten esta pequeña localidad castellano-manchega en la capital del teatro de verano. Entre otras ofertas, Almagro abre la semana próxima con El alcalde de Zalamea, de Calderón, y La fuerza lastimosa, de Lope de Vega. Otros montajes que destacan en la programación son un Don Juan o el festín de piedra, de Molière, a cargo de la CNTC o El mercader de Venecia, de Shakespeare, escenificado por el Teatro de la Abadía.

'Sin pecar de triunfalista', dice García Lorenzo, 'Almagro es de los pocos festivales de Europa que sólo se dedica al teatro clásico. No conviene olvidar que en la gestación de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, este festival jugó un papel decisivo'.

Combinando el teatro clásico (más griego y romano que español a diferencia de Almagro) con la música y la danza, el festival de Mérida levanta asimismo el telón el jueves 5 de julio con una Medea, de Michael Cacoyannis, interpretada por Nuria Espert. El festival extremeño se prolongará hasta mediados del mes de agosto y cerrará con un concierto de Ennio Morricone con la Orquesta y Coros de la Ópera Nacional de Hungría. El director del certamen, Jorge Márquez, está convencido de que hay que buscar un equilibrio entre la popularidad y la calidad. 'Nosotros hemos de aprovechar un escenario magnífico como el Teatro Romano y, por eso, ampliamos la programación del teatro este año con recitales de Ainhoa Arteta o espectáculos de danza con Ángel Corella y el American Ballet'. Tanto Almagro como Mérida producen o coproducen con otras instituciones una buena parte de los espectáculos que ofrecen. Por otra parte, los públicos de estos certámenes proceden, casi a partes iguales, de sus regiones de celebración (Castilla-La Mancha y Extremadura) y del resto de España. La financiación de estos festivales procede de fondos públicos y de la taquilla.

Los organizadores de Sagunt a Escena apuestan asimismo por abrir el abanico teatral clásico a otras variantes escénicas. Jaime Millás, director artístico de Teatres de la Generalitat valenciana, explica: 'Junto a la fidelidad por las tragedias de los escritores griegos, el espectador encontrará un marcado interés por establecer nuevos diálogos artísticos con la tradición circense de Pekín, la espiritualidad de la cultura oriental y los ritmos afrocubanos que exaltan el cuerpo'. Un montaje titulado Eva millenium inaugura el 3 de agosto el certamen de Sagunto mientras el esperado espectáculo Bi, creado por Comediants a partir de la colaboración artística de la compañía catalana con el Circo de Pekín, cierra el festival valenciano el 26 y 27 de agosto.

Educación Entusiastas del teatro e impulsores de su difusión desde hace muchos años, tanto Oliva como García Lorenzo y Márquez señalan la promoción en las escuelas e institutos como el factor más importante para difundir las artes escénicas. Intentan predicar con el ejemplo y así los festivales cuentan con campañas destinadas a los profesores y con espectáculos de teatro infantil. En una palabra, se trata de romper la maldición que pesa sobre el teatro de que es un espectáculo difícil, aburrido y caro.

Andrés Amorós, director general del Instituto de las Artes Escénicas y de la Música (Inaem), pone un enfásis especial en los espacios con los que cuentan Almagro o Mérida. 'Un corral de comedias del siglo XVI o un teatro romano explican la consolidación de estos festivales porque son espacios idóneos. Después hay que considerar que son el mejor escaparate para las compañías públicas o privadas y, de hecho, la CNTC suele estrenar sus nuevos montajes en Almagro'. Y Amorós se muestra más optimista sobre los montajes de clásicos que de autores contemporáneos. 'La verdad', afirma, 'es que encuentra menos dificultades montar una obra de un clásico que de un dramaturgo español vivo'. Aparte de suscribir la importancia del sistema educativo en la promoción del teatro, Amorós resume la receta mágica en dos palabras: más dinero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de julio de 2001