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Una serie sobre los dueños de una funeraria triunfa en Estados Unidos

El guionista de 'American beauty' produce la obra del canal HBO

La familia Fisher es propietaria de una funeraria. Ruth, la madre, tiene una aventura con un peluquero el día que entierran a su marido. David, el hijo, esconde su homosexualidad mientras se hace cargo del negocio familiar. Claire, su hermana, es drogadicta, y Nate, el menor, fornica con una desconocida en el aeropuerto de camino al funeral de su padre. Así empieza Six feet under.

Los protagonistas de esta serie son lo que se dice una típica familia norteamericana, la versión del sueño americano visto por Alan Ball, que el año pasado se convirtió en el guionista más cortejado de Hollywood al recibir el Oscar por American beauty, el primer y único largometraje que ha escrito, otra peculiar visión de la vida de la clase media en un suburbio estadounidense.

Six feet under se convirtió la semana pasada en el estreno más visto de HBO, con una cuota de pantalla del 11,2%, algo menos que Sexo en la ciudad, la serie más esperada del verano desde hace tres temporadas, que cuenta las aventuras de cuatro solteras en Nueva York.

HBO llega a 32 millones de hogares, algo menos de un tercio de la audiencia media de las cadenas generalistas, pero en estos últimos años, esencialmente con Los Soprano, se ha convertido en el canal más innovador de la televisión norteamericana. La serie de Alan Ball es otra apuesta arriesgada: no es fácil mezclar pompas fúnebres, humor y telespectadores.

El énfasis en este tipo de productos contrasta con la estrategia del resto de la competencia, que prefiere los reality shows, productos mucho más baratos. Ball, que ha escrito el primer capítulo y coproduce toda la serie, explicó que muchos aspectos de Six feet under son autobiográficos, desde la muerte de su hermana cuando tenía 13 años hasta su propia homosexualidad.

The New York Times la ha puesto por las nubes. 'Es como American beauty, pero en más oscuro. Su perspectiva original replantea todas las certidumbres gracias a sus emociones extrañas y su ironía'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de junio de 2001