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Reportaje:

La mirada quebrada de seis niños

Jens Jona Hilgendag retrata un campo de refugiados de Kosovo

Recrear la atmósfera de un campo de refugiados de Albania sin hacer concesiones al tremendismo. Éste fue el deseo plenamente cumplido del fotógrafo alemán Jens Jona Hilgendag, autor de la exposición Seis infancias quebradas, inaugurada ayer en Barcelona.

Del drama humano que vivieron los 848.000 refugiados albaneses cuando estalló el conflicto armado en Kosovo dan cuenta seis niños con las historias que cuentan de sus familias tal como ellos las percibieron. 'Han matado a mi abuelo, han quemado nuestra casa. Mi papá no sé dónde está'.

Con testimonios como el de este niño albanés, Hilgendag creyó innecesario cargar las tintas para ilustrar todo el sufrimiento que observó durante el mes que convivió en distintos campamentos albaneses cuando la guerra de Kosovo estaba en pleno apogeo. Le pareció que las fotos por sí solas no bastaban para dar idea de las condiciones en las que viven las personas que se ven obligadas a abandonarlo todo.

El pequeño campo de refugiados simulado ha sido elegido por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) para conmemorar su 50º aniversario. A los responsables de esta organización les pareció oportuno plantar junto al puerto barcelonés las tiendas de campaña, las colchonetas e incluso las letrinas para que los ciudadanos que no han tenido la desgracia de pasar por esa experiencia puedan hacerse una idea de su significado.

El recinto encierra los enseres que suelen acompañar al exilio a las criaturas que marchan de sus hogares apresuradamente. Zapatos por todas partes, mantas y maletas que guardan lo único que les queda. Fotos ampliadas de los protagonistas de las historias presiden cada tienda de campaña. El único sonido que se oye en el campo es el de los niños que explican, unas veces entre sollozos y otras cantando, los recuerdos que tal vez les acompañarán ya el resto de sus vidas.

'Pensé que íbamos a morir, pero vivimos', dice un niño que aparenta unos ocho años. A continuación la pantalla muestra a una niña con trenzas que en su afán por explicar lo malísimos que eran los que tanto dolor causaban a sus padres señala: 'Porque ellos son malos y todo lo malo lo tienen ellos'. El fotógrafo prefiere que sean los más pequeños quienes den testimonio a su manera de la guerra de Kosovo, pero de vez en cuando algún adulto mete baza y sus palabras encogen el ánimo, como las de una mujer de mediana edad que mientras sostiene a su bebé en brazos narra: 'Mataron a mi marido delante de los niños. Mis hijas mayores les gritaban pidiéndoles que dejaran en paz a su padre'.

Todos los campos de refugiados suelen poblarlos fundamentalmente las mujeres, los niños y los ancianos. Los hombres en edad de combatir están en el frente. En todas las edades y allá donde le toca a cada cual resulta doloroso vivir el conflicto bélico. Un hombre de 75 años de Junik (Kosovo) se negó a abandonar su casa alegando que era demasiado viejo. De nada sirvió la insistencia de su hijo para que les acompañara. A la primera ocasión que tuvo corrió a buscar a su padre para intentar convencerle. Pero la fatalidad quiso que en ese momento un serbio lanzara una granada sobre la casa, que al estallar causó la muerte al hijo. Desde entonces el anciano no encuentra consuelo: 'Vivo con el remordimiento'.

Para el autor de Seis infancias quebradas, Acnur 'es la madre de todas las organizaciones que ayudan al refugiado'. En la actualidad Acnur atiende a 22 millones de personas en 120 países. El 80% de sus 5.000 empleados trabaja en el lugar del conflicto. Por la magnífica labor humanitaria que realiza le fue concedido el Premio Nobel de la Paz en 1954 y 1981. Diez años después fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias. Ayer se acercó hasta el Moll de la Fusta, donde se encuentra la exposición, un grupo numeroso de personalidades de la política -Jordi Solé Tura, Rafael Ribó, Joaquim Molins- y del espectáculo -la actriz Rosa Maria Sardà y la cantante Marina Rossell-, así como la fotógrafa Colita, entre otros, para dejar constancia de su reconocimiento al trabajo desarollado.

Las palabras de los niños grabadas en vídeo conmueven a quien se para a oírlas. No cuesta entender la razón por la que Jens Jona Hilgendag se decidió a incluirlas en su exposición. El de Kosovo no ha sido para el autor el primer conflicto que vivió de cerca. A los 15 años empezó a colaborar como voluntario de Amnistía Internacional, estuvo con los kurdos y siempre le impresiona la tremenda necesidad que tienen los menores de explicar en voz alta sus vivencias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de mayo de 2001