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Reportaje:

Artistas buscan espectadores en la calle

La compañía Animalario sale al asfalto para promocionar su obra 'El fin de los sueños', premiada con un Max

La cuadrilla de artistas del ficticio Club Sueños salió ayer por la mañana a las calles de la capital a promocionar su último espectáculo. '¡Ha llegado el Club Sueños a la ciudad, al Bellas Artes, no se lo pierdan; hay de todo, aventuras, robos, droga, artistas del extranjero, vanguardismo fulgurante, cantantes, humorismo, magia, incluso personas!', recitaba, a gritos, el actor Alberto San Juan, transformado en Ramón Ulises, un macarra de traje raído, pecho al aire y bisutería barata.

El tal Ramón es el dueño del garito nocturno de variedades donde transcurre El fin de los sueños, montaje que estará en cartel en el teatro Bellas Artes hasta junio. La compañía Animalario sacó de paseo a toda su gente para celebrar el quinto aniversario, el Premio Max recién conseguido y las 100 primeras funciones de este espectáculo que da protagonismo a un hatajo de perdedores que, pese a la mala vida que llevan, no se resignan a que se les esfumen los sueños. El empresario pesetero Ramón Ulises, su ex mujer, María del Mar (Encarna Breis), el mago Incógnito Remedios (Roberto Álamo), el entusiasta Darío Macaluso (Javier Gutiérrez), el pluriempleado Monsieur Gilles (Javivi), los curritos bailarines Panchito y Loren (Diego París y Fernando Tejero), el flatulento Monsieur Le Petoman (Luis Bermejo), la sosona Ida (Alicia Yagüe) y el director del montaje, Andrés Lima, hicieron una gira ayer desde la plaza de España a la de San Andrés en la trasera de una camioneta que tuvo mejores días.

Falló el clima, así que, en lugar de actuar bajo la lluvia, optaron por entrar en los bares

De cuando en cuando hacían un alto en el camino, decidían la estrategia y se lanzaban a la caza de espectadores. Les falló la climatología, por lo que, en lugar de representar fragmentos bajo la lluvia, optaron por entrar en los bares a dar el espectáculo. Por ejemplo, en algunos de la Cava Alta y la Cava Baja. '¡Aquí estamos los del Club Sueños, tienen que venir a vernos al Bellas Artes, habrá risas a gogó, famosos de la tele, chicas guapas [señalando a un par de jóvenes que se tronchaban de risa], posibilidades de echarse novio o novia...!', vociferaba Alberto-Ramón en medio de un bar de tapeo abarrotado de público.

Mientras San Juan soltaba su cantinela, el resto de actores aprovechaba para repartir invitaciones para el espectáculo. '¡Dos por una, dos por una!', entonaban, ante la mirada atónita de la gente que tomaba el aperitivo en las mesas. Hubo quien entró al trapo y preguntó, también a voz en grito: '¡Oye! ¿Y dónde dices que es esto?' Entonces, los artistas, que llevaban la lección bien aprendida, coreaban: '¡En el teatro Bellas Artes, a las nueve! Vendréis, ¿verdad?' Cinco minutos eran suficientes para impactar al personal y regalarle tema de conversación para toda la mañana. Una vez afuera, iban en comandita a otra cervecería o, si el cielo clareaba, montaban un número en la calle, con avituallamiento incluido, pues repartían manzanas (el símbolo del Premio Max) y vinito para que el gentío entrara en calor y en materia.Cada actor buscaba su momento. Incógnito Remedios, el mago al que le fallan los trucos, se dedicaba a recordarle a Ramón que le debe dinero; Darío Macaluso, con mono rojo de proletario, sombrero y bigotillo, invitaba a vino a las chicas en plan insinuante; el provocador Petoman, de traje brillante y maquillaje a espuertas, sacaba a bailar a los curiosos, en especial a los chicos, y Mari Mar, que lucía medias de red, bolsón y minifalda, trataba de evitar que su ex marido ligase con las transeúntes. Además llevaban su propia banda sonora: uno de los autores de la música del espectáculo, Miguel Malla, tocando el clarinete.

En definitiva, la compañía Animalario volvió ayer a sus orígenes, a los tiempos de calle, boca a boca e improvisación. 'Hace cinco años de aquello y ahora al menos tenemos camión (alquilado)', ironizaba Alberto San Juan, autor del último montaje, El fin de los sueños. 'Nos habíamos quedado con las ganas de celebrar el Premio Max y se nos ocurrió salir a la calle, por diversión y porque así empezamos', añadió. 'Lo que pasa es que hemos escogido el día peor, con cuatro manifestaciones en Madrid, lluvia y, encima, puente', se lamentaba Roberto Álamo, que hace de mago fracasado con faldones, una especie de birrete y motivos orientales a la espalda.

Roberto dice que no pueden quejarse por la cantidad de público que acude a las funciones de El fin de los sueños: 'Vienen entre 200 y 250 personas cada día (hay 400 butacas), que no está mal, pero nos gustaría llenar y eso es lo que queremos conseguir con actuaciones como la de hoy [por ayer]'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de mayo de 2001