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Pujol acusa al Gobierno de Aznar de invadir 'cada dos por tres' competencias autonómicas

Ribó tacha de 'chapucera' y 'partidista' la actuación de CiU en la Sindicatura de Cuentas

La sesión de control al presidente de la Generalitat no fue apasionante. Pujol pasó con holgura una maroma poco flexible por culpa de un reglamento que no permite alegrías parlamentarias. La primera pregunta de la tarde se la formuló Alberto Fernández Díaz, presidente del Grupo Popular, quien echó en cara a Pujol si la utilización, a su juicio, excesiva del término 'involución autonómica' no esconde incapacidad en la gestión y falta de eficacia en el Gobierno. 'Si utilizo de forma recurrente esta expresión es porque los hechos se empecinan en ser recurrentes', respondió Pujol.

El líder de CiU fue, sin embargo, más explícito cuando respondió a la pregunta formulada de forma más acerada por el portavoz de Esquerra Republicana, Josep Huguet. 'Cada dos por tres, el Gobierno de José María Aznar interviene, porque tiene dinero para hacerlo, en cosas que no son de su competencia e intenta, en un cierto sentido, expulsar al poder autonómico', dijo Pujol.

Pero el presidente catalán también quiso marcar distancias con la estrategia de ERC y añadió que cada vez que esto sucede intenta negociar y, si no llega a acuerdo alguno, acaba recurriendo al Tribunal Constitucional: 'Eso es lo que hemos hecho en muchas ocasiones y a veces con buenos resultados', agregó. De esta manera restaba tintes dramáticos a la descripción apocalíptica realizada minutos antes por el portavoz de ERC, quien aseguró que España se halla en un periodo de 'máxima involución', sólo comparable a los meses posteriores al golpe del 23-F.

Las palabras de Huguet suscitaron murmullos en los bancos socialistas y convergentes cuando agregó: 'El Gobierno del PSC-PSOE intentó gestionar la LOAPA [Ley de Armonización Autonómica] y usted, que aquí tenía mayoría absoluta, estaba en parte prisionero por culpa del caso Banca Catalana'. Esa situación de 1982 es parecida a la de ahora, a juicio de Huguet, puesto que CiU intenta dar prioridad a la estabilidad 'partidista a costa de erosionar el autogobierno'. Pujol, molesto, reaccionó: 'Tendría que darle una respuesta que no le daré'.

Pero los malos tragos para Pujol no se redujeron a la pregunta de ERC. Rafael Ribó, por Iniciativa-Verds, no cejó hasta que el propio presidente de la Generalitat reconoció que se había reunido con alguno de los síndicos designados a instancias de CiU para la Sindicatura de Cuentas. Este organismo está sumido en una profunda crisis por el intento de CiU de imponer la candidatura de Montserrat de Vehí, que lleva una veintena de votaciones sin conseguir hacerse con el cargo de síndica mayor. Ribó acusó a Pujol de realizar 'chapuceras presiones partidistas'. Según la oposición, la Sindicatura está en crisis por el intento de CiU -con la oposición de todos los síndicos- de congelar informes especialmente críticos hacia su gestión. Se trata de los informes sobre los casos Turismo, Pallerols y las supuestas irregularidades en la venta del buscador Olé.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de abril de 2001