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COLUMNA

El efecto decisivo

Se sabían de las condiciones de Gasol para jugar al baloncesto en Europa: una gacela de 2,15 metros, con una envergadura de 2,29, dos datos que por sí mismos le colocan inmediatamente en el ojo de la NBA. Pero si este ágil gigante puede correr, botar, pasar y lanzar sus posibilidades se multiplican exponencialmente. En el Instituto Domínguez, del barrio de Compton (Los Ángeles), Ty Chandler, un chico de 2,14 con características parecidas a las de Gasol, ha recibido tanta publicidad que muchos ojeadores le sitúan entre los cinco primeros del próximo draft. A diferencia de Chandler, el jugador del Barcelona es un muchacho con la cabeza excelentemente amueblada, lo que abunda en la idea que se tiene de él como futuro jugador de la NBA.

¿Cuando? A eso tendrá que responder el propio Gasol, que no podría entrar en la elección hasta el próximo año, cuando cumpla 22, salvo que decida enviar expresamente su candidatura en esta primavera. Hay una particularidad interesante: su contrato con el Barça termina en 2003. Pero de lo que no hay duda es de que en Gasol hay material de sobra para la NBA, donde los jugadores europeos cada vez tienen más crédito. El prestigio del alemán Dirk Nowitzki y el serbio Stojakovic es indiscutible. Por cierto, ninguno pasó por el baloncesto universitario, como tampoco lo ha hecho el turco Hidayet Turkoglu, otra joya del baloncesto continental. No le vendría nada mal a Gasol caer en un equipo capaz de protegerle del brusco cambio que supone el salto a la implacable NBA.

Para el baloncesto español, su caso tiene una importancia capital. Gasol trae a la memoria la aventura de Fernando Martín, el pionero que se saltó todos los prejuicios para conseguir un puesto en los Blazers de Portland. Aquella historia tuvo una repercusión espectacular en el deporte español. Pero, a diferencia de lo que ocurre ahora, el baloncesto español estaba en una fase expansiva -la selección acababa de conseguir la medalla de plata en los Juegos de Los Ángeles 84- que se multiplicó por el efecto Martín.

Gasol dispone de muchas más cualidades naturales que Fernando Martín -a quien nadie ha superado en coraje y optimismo para enfrentarse a cualquier desafío- para hacerse un sitio en la NBA. Estamos, por tanto, ante la gran esperanza del baloncesto español. Sin embargo, estos no son los felices ochenta. Si Martín personificaba los tiempos de abundancia, Gasol puede servir para sacar a nuestro baloncesto de la situación de incertidumbre, cuando no de pesimismo, que ha predominado en los últimos diez años. Si se atreve con la aventura americana, su arrastre tendrá consecuencias inmediatas en España. El baloncesto, que había entrado en una vía lateral, volverá a ocupar un puesto central en el escenario del deporte nacional.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 20 de marzo de 2001